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SUPERPRODUCCIONES
Publicado por nandomegadj en Sin categoría el 26 junio, 2006
Cecil B. De Mille, uno de los grandes directores del cine clásico el cual nos llenó de grandes películas y grandes historias, a él no le llegó el momento de utilizar las grandes tecnologías que posee hoy el cine, pero no le hizo falta para crear una de las mejores películas de la historia del cine. De Mille, tenía los ojos empapados por ese líquido del Olimpo y a pesar mío, dejando en maleta cerrada mi "tela de araña", me aparto a la izquierda del director de directores y voy a intentar explicar como simple espectador y de la forma mas natural que me sea posible, este enorme monumento cinematográfico que es LOS DIEZ MANDAMIENTOS.
Egipto, su historia, sus misterios, sus dinastías y sobre todo su aparición constante en todos los momentos de mi existencia, en los cuales me siento feliz y pletórico, son esos iconos que van cosidos a mi caminar por este mundo sin sentido, pero es curioso, a veces al contemplarlos, veo que mi vida tiene sentido y un sentido que a veces me hace ser el único habitante de este planeta llamado tierra. Es por eso, por mi forma de amar y por la pasión que siento por el cine, cuyo manantial de sabiduría nunca se agota en mi cerebro de cinéfilo, es por lo que estoy ahora sentado, escribiendo, intentando lanzar mi mensaje a los mas jóvenes, hacer recordar a los menos jóvenes, una película histórica dentro este laberinto de tela de araña que son los títulos que bailan con mas o menos resplandor en mi siempre joven interior de amante del arte mas completo. Elegir LOS DIEZ MANDAMIENTOS para ensamblar cine, sentimiento e historia, no ha sido labor fácil, al contrario, ha sido ardua y muy laboriosa, pero con ayuda de la tecnología en la elección de las instantáneas mas apropiadas para bordear mis textos, y este amor por EGIPTO, algo fluye en mi interior, y me da fuerza.
De Mille, gran narrador cinematográfico, maneja como nadie escenas de masas, y otorga un ritmo increíble a películas de enorme metraje, dotando a sus peliculas un excelente trabajo de dirección, producción y ambientación, gracias a monumentales decorados, a enormes superficies coloristas, que recrean con exactitud, como en éste caso, el ambiente de Egipto de forma admirable. Toda la calidad y perfección que llena toda la película, su acción, su reparto, su drama épico, su sentido de la libertad, el poder, la ambición, pero sobre todo, la búsqueda del BIEN mas preciado….¡LA LIBERTAD!… hace de LOS DIEZ MANDAMIENTOS un viaje de cine y un amplio recorrido por la vida de Moisés.
De Mille no quería la mínima improvisación. Una parte del presupuesto se destinó a la reconstrucción del antiguo Egipto, tanto en estudio como en el propio país del Nilo. El voluminoso guión, fué supervisado por DeMille y se centra en la vida de Moisés; Aquí encuentra Cecil B De Mille un problema: hay escasas referencias a la juventud del profeta, por lo que se echa mano de escritos de la época y construye una historia que bien podría haberse desarrollado, o ser una leyenda. El resto del guión es fiel al Deuteronomio y al libro de los Números y está firmado por Aeneas MacKenzie, Jesse L. Lasky Jr., Jack Gariss y Frederic M. Fran, que cuentan con el investigador Henry Noerdlinger; un guión que, se pretende que a lo largo de cuatro horas, mantenga la atención del espectador. Para ello De Mille juega con su enorme sentido del Séptimo Arte y el espectáculo, se apoya en los efectos especiales de John P. Fulton que, en su momento, y siempre retrocediendo en el tiempo, en aquellos años cincuenta, sin los medios tecnológicos de este siglo veintiuno, resultó insuperable y un trabajo artesanalmente perfecto:
Sólo la secuencia del paso del Mar Rojo, se tardó medio año en terminarse: se ruedan numerosos planos en la orilla del Mar, y luego se mezclan con lo filmado en los estudios. Para figurar la inmensa tromba de agua, se construye un gigantesco tanque en la Paramount, que permite hacer caer los 2.700 litros en menos de 10 minutos. Esto se rueda contra fondo azul, para luego poder combinar las imágenes filmadas. Si bien en algunos planos se detectan las líneas de las transparencias, el resultado no deja de ser extraordinario y fascinante. Hay secuencias que precisaron 22.000 extras, otras sobrepasaron los 30.000, yo creo sinceramente que nada, ni nadie, hoy en día podría reunir con la humanidad tan asombrosa que trasmiten aquellos hombres y mujeres, conducidos por su profeta, con ojos dilatados, con las pupilas ensangrentadas, dejando atrás la ira del mismo Egipto, y la maldición de sus dioses, de la forma en que Cecil B. De Mille les conduce, y la maestría con que ha pasado a ser escenas cumbres y el verdadero sentido del séptimo arte….
La comercialidad de un film de De Mille era su propio nombre, no necesitaba de grandes estrellas en los repartos. A Charlton Heston le escogió por dos motivos: sabía de su talento por su trabajo en "El mayor espectáculo del mundo": y sobre todo, quedó impresionado por su parecido con el Moisés de Miguel Angel. Yul Brynner por su exotismo y su sólida formación sobre los escenarios, era el perfecto Ramsés II. Los dos constituían el eje de la historia, sobre el que giraba el excelente reparto de figuras consagradas: Anne Baxter, Yvonne De Carlo, Edward G. Robinson, Vincent Price, Cedric Hardwick, Judith Anderson…etc.
El rodaje comenzó en Egipto, el 14 de octubre de 1954, en un ambiente extraordinario, cuadriculado y disciplinado…….. Quiero insistir en este aspecto, pues es mucho el dinero invertido, y el film no podía permitirse el lujo de retrasos, caprichos, etc. y la mano férrea del maestro De Mille fué considerada por muchos, de toque totalmente militar e irrevocable. La primera secuencia que se filma es la del Paso del Mar Rojo, al que sigue la entrega de las Tablas de la Ley………. Casi un año en exteriores, otro prácticamente en los Estudios Paramount.
El resultado…..¡esplendido!
LA VUELTA AL MUNDO EN 80 DÍAS
Una gran superproducción desde el comienzo hasta el final, con una introducción hablando de las obras de Julio Verne…para mi es la mejor película que se ha hecho sobre la obra de Julio Verne. Recuerdo que existe una versión protagonizada por Pierce Brosnan, y una versión más moderna y bastante lamentable la que protagoniza Jackie Chan, en la que Fogg es un inventor en vez de un apostador…el cambiar las historis y novelas me molesta un poco, como la de los vampiros, pero de esto ya hablaremos más adelante.
Este clásico estrenado en 1956 introdujo en el mundo el revolucionario sistema Todd ao (70mm, sonido estereofónico, treinta cuadros por segundo) y, virtualmente, inventó el cameo, incorporando en el reparto principal la fugaz aparición de más de cuarenta estrellas consagradas.
Es una película monumental, cuatro horas de sesión cinematográfica más intermedio para la merienda y, en tiempos del estreno, un álbum de cromos para fanáticos infantiles. Empieza con maravillosas imágenes de Georges Méliès y su excursión a la luna y termina con la lista de artistas y técnicos, y hasta los créditos son buenos, en la línea de las mejores portadas de discos de los años cincuenta. El escritor viajero Graham Greene la vio en Nueva York en las navidades de 1956 y descubrió su película favorita, quizá porque evocaba una época de navegaciones aventureras, rentables y gozosas, en 1872, en los gloriosos días del Imperio Británico.
En aquel año la intrépida imaginación de Julio Verne ideó al caballero inglés Phileas Fogg, que no era un científico idealista, sino un jugador dispuesto a asumir en un arrebato masculino una apuesta de 20.000 libras con sus compañeros del Club Reformista. Fogg se cree capaz de dar la vuelta al mundo en 80 días, empresa evidentemente imposible, y, hombre de vida reglada e inmóvil, obsesionado por la puntualidad, manda a su criado que prepare la maleta para partir al amanecer. Los caballeros necesitan compañía, un sirviente, y éste se llama Passepartout, o Picaporte, joven con extraordinaria facilidad para abrir puertas que parecen irremediablemente cerradas. Frente a la rutina del orden cronométrico, Picaporte es la inteligencia valiente e inesperada, bombero y acróbata experimentado, un circo en sí mismo.
El productor Michael Todd, con mirada colonial, contrató a David Niven y a Cantinflas, ojos claros y oscuros, amo y criado, aunque Picaporte en la novela de Verne tenía azules los ojos. Todd había producido ya el espectáculo musical que Orson Welles dedicó en Broadway a La vuelta al mundo…, con partitura de Cole Porter. Bertolt Brecht fue a una representación en Boston y dijo que era el mejor teatro que había visto en América. Welles recordaba que Todd era un productor muy inspirado, pero miserablemente pobre. Welles se arruinó en la empresa y Todd compró la idea de película que Welles le había vendido antes a Alexander Korda, y, aunque Welles detestaba amistosamente a Todd, de su obra magna reconoció que habría sido difícil hacer algo malo con el material de Julio Verne. La vuelta al mundo en 80 días ganó el Oscar a la mejor película de 1956.
Así David Niven se convirtió en Phileas Fogg, "inglés ciento por ciento, exacto, incoloro e inodoro", como dictaminó Cabrera Infante, y Cantinflas fue Passepartout, o Picaporte, lealtad y valentía y generosidad, tres virtudes que cualquiera desearía tener, y una incipiente y luminosa Shirley MacLaine se disfrazó de princesa india educada en Gran Bretaña y salvada de una hoguera funeral y nupcial que debía compartir con su viejo viudo. Los viajeros contra el tiempo merecían, por el bien de la aventura, un obstáculo pertinaz, el agente de policía Fix, convencido de que Fogg robó los fondos del Banco de Inglaterra y decidido a detenerlo. Fix era Robert Newton, actor especialista en malvados entrañables. Vamos de Londres a París, España, Egipto, India, Hong Kong, Japón, San Francisco, el Oeste, Nueva York, utilizando todos los procedimientos técnicos, mecánicos y animales, por tierra, mar y aire, el globo La Coquette, el elefante y el avestruz, siete tipos de barcos, trenes e híbridos como la vagoneta a vela. El punto máximo de presión lo alcanzamos en el vapor que se devora a sí mismo para navegar en una demolición del buque por sus tripulantes, que, sin combustible, lo van quemando, desde la carga a los salvavidas, como en una película de los Hermanos Marx.
S. J. Perelman era uno de los guionistas. Humorista neoyorkino, había escrito para Hollywood, para los Marx. Con La vuelta al mundo en 80 días ganó el Oscar al mejor guión de 1956, en compañía de John Farrow y James Poe. Perelman escribía para el New Yorker, y el director de la revista le recomendaba que, antes de empezar a escribir, decidiera si quería hacer una parodia, una sátira o una pieza del absurdo. Cabrera Infante decía que La vuelta al mundo… era "una obra maestra no se sabe bien de qué", ni drama, ni musical, ni película de aventuras, ni policiaca, ni romántica, ni psicológica, ni trágica, ni documental. Es todo eso, dijo el genio cubano, y verdaderamente tiene una abundancia de circo. Ya, cuando Julio Verne publicaba por entregas su novela, en París se organizaban espectáculos imitadores, con elefantes y encantadores de serpientes, pieles rojas y caballistas. Los corresponsales extranjeros en Francia informaban a sus periódicos del viaje imposible del caballero inglés, como si fuera real, y Verne era visitado por representantes de compañías navieras, que ofrecían condiciones excepcionales para que Fogg y Passepartout viajaran en la White Star o la Cunard Line.
Verne fue un escritor anticipatorio. Imaginó improbables máquinas, pero también vaticinó el turismo y la agencia de viajes, furor del siglo XX. Michael Todd hizo su película en el momento de la conversión del turismo en fenómeno popular y aventura de masas, y sus imágenes tienen mucho de souvenirs turísticos, de publicidad con individuos famosos: toros y baile en España, vacas sagradas en India, elecciones y bisontes en América. En un casino toca un pianista que tiene la cara de Frank Sinatra, fumando, mientras Marlene Dietrich enseña una pierna. Buster Keaton (que ya lo nombramos en la sección de CINE MUDO) es el adusto y apresurado revisor del tren que será asaltado por los pieles rojas. Y en París estaban Martine Carol, Fernandel y Charles Boyer, como en España toreaba Luís Dominguín.
El director de la película es Michael Anderson (Londres, 1920), que había hecho en clave amorosa la primera versión cinematográfica de 1984. Del universo cerrado de George Orwell saltó a la abierta felicidad de La vuelta al mundo… 30 años después dirigiría 20.000 leguas de viaje submarino, como 20.000 libras fueron la apuesta de Phileas Fogg, interesante apuesta: nada ganará Fogg si gana, pues el presupuesto del viaje son 20.000 libras, y, si pierde, perderá toda su fortuna.
La vuelta al mundo en 80 días se realizó en 1956. Con la dirección de Michael Anderson, guión de James Poe, John Farrow y S.J. Perelman, adaptación de la novela homónima de Julio Verne, la música de Victor Young, la fotografía de Lionel Lindon y el montaje de Gene Ruggiero y Paul Weatherwax.
Obtuvo cinco oscars: mejor película, guión adaptado, fotografía color, banda sonora de película no musical y montaje. Fue la única película que Todd pudo realizar, debido a su muerte en accidente de aviación. Fue la primera superproducción realizada al margen de los grandes estudios. Tuvo un presupuesto de 120 millones de dólares, lo que la convertiría en el filme independiente más caro de la historia.
- Cantinflas toreó sin necesitar ningún especialista.
CLEOPATRA
Esta superproducción fue un fracaso tanto en taquilla como por culpa de la propia Liz Taylor
Cleopatra (1963): 286,6 millones de dólares
La película más costosa y los ojos más lindos del cine. Una de las grandes superproducciones de la historia con Liz Taylor como la ambiciosa reina de Egipto. En el papel de Marco Antonio la secundó Richard Burton, quien fue una de las tantas parejas que tuvo la actriz. Con sus casi cuatro horas de duración, el film se alzó con cuatro premios de la Academia en los rubros técnicos, además estuvo nominada en otras cuatro categorías.
En el Siglo I A.C., Julio César (Harrison) llega hasta el lejano Egipto como parte de su campaña militar. La reina de la nación, Cleopatra (Taylor) se le rinde a sus pies pero, tan astuta como (históricamente) bella, acaba conquistándolo en la recamara real y teniendo un hijo con él. Cuando César regresa a Roma, ella lo acompaña y allí toma como acompañante a Marco Antonio (Burton). La más larga, espectacular, aburrida y cara película de la historia que amagó con fundir a la Fox y a todos sus auspiciantes.
Curiosidades
LAWRENCE DE ARABIA
Primera Guerra Mundial. El oficial británico T. E. Lawrence (Peter O´Toole) es trasladado a Arabia desde de la academia militar.
Allí se aliará con el príncipe árabe Feisal (Alec Guinness) en su lucha contra los turcos para intentar conquistar el puerto de Akaba. YA CONOCEREMOS MÁS ADELANTE Y EN MI NUEVO BLOG: "NANDO SUITE MOVIES 2" A ESTE ACTOR POR SU PAPEL EN LA GUERRA DE LA GALAXIAS, EPISODIOS IV, V y VI DE OBI WAN KENOBI, UNO DE LOS MEJORES ACTORES DE ESTA TRILOGÍA.
Imagínate que eres un hombre con dinero y viene alguien y te dice que quiere hacer una película de más de cuatro horas, sin estrellas, sin mujeres, sin ninguna historia de amor, tampoco muchas escenas de acción y que esa persona quiere una enorme cantidad de dinero para poder rodarla en el desierto ¿Qué contestarías?
Omar Sharif.
Lawrence de Arabia cuenta las proezas de T.E. Lawrence (Peter O´Toole), un oficial del ejército británico que sirve en el Oriente Medio durante la Primera Guerra Mundial, quien según se comenta al principio "Era un poeta, un erudito, un guerrero poderoso pero también un exhibicionista.
La película empieza con un prólogo de la muerte de Lawrence como consecuencia de un accidente de moto, retrocediendo después años atrás a El Cairo cuando está a punto de comenzar la mayor aventura de su vida. Le ordenan ir al desierto para entrar en contacto con el Príncipe Feisal (Alec Guinnes), que es un aliado británico en la lucha contra los turcos. Lo que sigue no sólo cuenta como Lawrence se convirtió en eje central de la rebelión árabe contra los turcos, sino del ascenso y caída de su persona.
La historia de Lawrence de Arabia no se basa solamente en escenas de batallas o en un melodrama, sino que sobretodo es maravillarse por la capacidad de David Lean de hacer que el desierto fuera un personaje con igual o incluso mayor protagonismo que los actores principales.
Lawrence de Arabia no es una simple biografía o película de aventuras, aunque contenga ambos elementos. Lawrence es un héroe atípico, extraño y no podríamos imaginar a nadie más adecuado para ese papel que Peter O´Toole ya que moldea a Lawrence como un hombre casi torpe, con una forma de hablar que se balancea entre la insolencia y su propia manera de ser. David Lean crea en Lawrence a alguien que combina carisma y locura, que era muy diferente de los héroes militares convencionales y que inspira a los árabes a seguirle, ya que Lawrence es capaz de unir a las distintas tribus de árabes, mostrándoles que les interesa estar unidos para combatir a los turcos y luchar por su libertad. A lo largo del camino se alía con varios jefes tribales como Sherif Alí (Omar Sharif), el Príncipe Feisal y Auda (Anthony Quinn), ganándose su respeto.
El diálogo en sus conversaciones no es complejo y a veces, digámoslo así, suena como poesía. A través de diversos acontecimientos, vemos como cada uno de ellos afecta al carácter de Lawrence y moldea su carácter. Hasta su captura en Deraa, él se cree que es un semidiós, pero después del tratamiento brutal que recibe, se vuelve amargado, le atormentan las dudas y busca la venganza, mostrándonos su lado más oscuro en la matanza de Tafas.
Lean consigue no sólo deslumbrarnos visualmente, sino que hace crecer nuestro interés por todo lo que rodea a Lawrence, usando las batallas como un telón de fondo para profundizar más sobre su carácter y personalidad.
En ningún momento Lawrence deja de ser el epicentro de la historia y Lean junto con la genial interpretación de Peter O´Toole, consiguen meternos de lleno en las excentricidades, fobias y anhelos de un hombre de ideas sencillas que adora la limpieza del desierto.
Además Lean maneja indirectamente la sexualidad de Lawrence no siendo demasiado explícito, pero si insinuante a lo largo de la película.
En cuanto a las actuaciones, resulta obvio que para O´Toole fue el papel de su vida. No fue la primera opción, ya que se pensó en Marlon Brando o Albert Finney, rechazando este último el papel.
Seguramente uno de los motivos de la efectividad en pantalla de O´Toole y de la gran aceptación del público fue ese desconocimiento que se tenía sobre él, ya que era un actor que procedía del teatro y no había ninguna obra anterior a la cual compararlo. La película además fue la primera gran aparición de Omar Sharif, quien entabló una gran amistad con Lean y que posteriormente fue el protagonista absoluto de la posterior película del director inglés, la no menos brillante "Dr. Zhivago", iniciando Sharif una larga carrera cinematográfica.
El reparto en general es excelente, con actores reconocibles como un habitual en el cine de Lean, el camaleónico Alec Guinnes que perfeccionó su acento hablando con Omar Sharif. Anthony Quinn fue la requerida estrella americana e interpreta a Auda de forma magnífica y Jose Ferrer, en su breve pero estupenda participación, interpreta a un oficial turco que tortura a Lawrence. Es curioso observar que de las mujeres que aparecen, ninguna habla. Tan importante como las actuaciones, fue el trabajo de los técnicos que estaban detrás, siendo en ocasiones los actores como insignificantes motas que se mueven por el paisaje.
El montaje de Lean, por otra parte un excelente editor, dura sobre las tres horas y media pero cada instante parece necesario. El metraje no resulta pesado, hay aventura y acción esparcida por todo el argumento, una historia perfectamente desarrollada y una majestuosidad visual desbordante como nunca se ha visto en el cine.
Esa impresión visual es gracias a la magnífica labor de Freddie Young, el director de fotografía, que nos ofrece escenas inolvidables como el espejismo que ve Lawrence cuando ve a los lejos acercarse a Alí, la limpieza del desierto o la transición que hay cuando Lawrence apaga una cerilla y enseguida sentimos el intenso Sol del desierto. Además hay imágenes de camellos desfilando por el desierto, con unas inmensas formaciones rocosas al fondo. Todas esas imágenes desprenden calor, te sientes en el desierto y en esos momentos de esplendor oyes de fondo la embriagadora música de Maurice Jarre y crees estar paseando por ese paraje inhóspito a lomos de un camello.
Una de las singularidades más importantes de "Lawrence de Arabia" es la omisión de cualquier efecto especial (A excepción de varias tomas del Sol).
Todo es naturalidad y maestría a la hora de rodar y buscar localizaciones como la costera ciudad de Agaba que se rodó en las costas de Almería o el cuartel inglés de El Cairo en el Alcázar de Sevilla, que por cierto también aparece el Casino de la Exposición de Sevilla
Actualmente muchas de esas escenas estarían digitalizadas, como el ataque a Agaba, donde un movimiento panorámico de la cámara y una buena sincronización resulta más efectivo y da al espectador mayor magnitud de lo acontecido.
Lawrence de Arabia recibió 7 Oscars de los 10 a los que estuvo nominada: Mejor Director, Mejor Película, Mejor Fotografía en Color, Mejor Dirección Artística, Mejor Sonido, Mejor Banda Sonora y Mejor Montaje.
Viendo la película, no es de extrañar que recibiera tantas alabanzas, ya que el espectáculo visual que ofrece es grandioso. Debió ser algo maravilloso poder verlo en una pantalla de cine, ya que al verlo por la televisión sientes que le falta algo y es esa majestuosidad que ofrece su visionado en pantalla grande.
BEN-HUR
Apoteosis y canto del cisne del cine épico histórico (si exceptuamos la genial "Espartaco" de Kubrick). Un auténtico peliculón para aquéllos que defienden el cine como espectáculo, si bien en este caso existe el buen hacer de un gran artesano de Hollywood como es William Wyler, un autor al que se recuerda por películas de todos los géneros: "Horizontes de grandeza" (western), "Los mejores años de nuestra vida" (melodrama ), "Funny Girl" (musical), "Vacaciones en Roma" (comedia ), etc.
Es difícil escribir sobre una película que casi todos han visto y que siempre ha contado con el apoyo del público, de ahí sus numerosísimas reposiciones y pases por la pequeña pantalla, sobre todo en Navidad, o Semana Santa, fechas éstas tan apropiadas para su visionado. La película narra las aventuras de un noble judío, Judá Ben-Hur, contemporáneo a Cristo, que es traicionado por un romano amigo de la infancia, Messala. Después de ser mandado durante tres años a las galeras, Ben-Hur regresa para buscar venganza sobre Messala y así buscar el paradero de su madre y hermana. Tras muchas visicitudes, se enfrentan en una carrera de cuádrigas, en la que resulta vencedor el primero. Esta escena, cumbre de la película y del cine épico en general, curiosamente no fue dirigida por Wyler, sino por Andrew Marton, director de la segunda unidad y poco conocido aunque dirigió algunos films de la época.
Ben-Hur fue un auténtico bombazo en la taquilla cuando se estrenó y ganó once oscars de la academia, entre ellos el de mejor película, director y actor, Charlton Heston, justo reconocimiento al rey indiscutible de la épica en el cine, y a quien se deben los rostros en la pantalla de personajes como El Cid, Miguel Ángel, Moisés, el general Gordon, el presidente Jackson y otros. Ha permanecido casi cuarenta años con el récord de estatuillas, hasta que Titanic consiguió tambien once en 1998.
A destacar la ya referida carrera de cuádrigas, dificilmente superable en su espectacularidad aunque se rodara en la actualidad con modernos medios infográficos, las escenas de masas, en especial cuando aparece Jesucristo (al que nunca se le ve el rostro), y la eficaz banda sonora de Miklós Rózsa (especialista en el género como demuestran sus partituras para "Quo Vadis" o "El Cid ").
Curiosidades
A la hora de construir el decorado del circo para la carrera de cuádrigas, la Metro Goldwyn Mayer consultó a un arqueólogo sobre qué aspecto tendría el circo de Jerusalén de aquellos tiempos. "De estilo romano", contestó el experto. Volvieron a preguntar a otro arqueólogo: "Era de estilo fenicio", respondió éste. Un tercer experto fue consultado y contestó asombrado. "¿Un circo? ¡No sabía que hubiera un circo romano en Jerusalén en esa época!". Al final, los diseñadores de producción estudiaron a fondo la novela original de Lew Wallace para construir el decorado en base a la detallada descripción del escritor.
Al diseñar el circo para la carrera de cuádrigas, rodada al natural, en directo, sin miniaturas ni planos trucados, pusieron una gran isleta central en la arena para que giraran los carros. Esta hizo de fondo de la imagen, evitando que se vieran las gradas, y resolviendo el problema de llenarlas con espectadores.
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DANNY KAYE
Publicado por nandomegadj en Sin categoría el 16 junio, 2006
Uno de los cómicos más populares de los años 40 y 50, maestro de la comedia física, de gran habilidad histriónica y ametralladora capacidad vocal, el pelirrojo Danny Kaye nació el 18 de enero de 1913 en Nueva York (Estados Unidos), siendo bautizado con el nombre de David Daniel Kominski.
En 1926 abandonó los estudios y comenzó a buscarse la vida por los clubes y cabarets de la zona de Nueva York. En la población de Catskills sería donde inició su andadura como cómico poco antes de cumplir los 14 años.
Tras foguearse en el mundo del vodevil durante más de una década, logró debutar en Broadway con la obra teatral "Straw Hat Revue" y conseguir un monumental éxito al año siguiente con "Lady in the dark" (1940), un triunfo escénico que en breve le llevaría a iniciar su carrera cinematográfica (a finales de los años 30 ya había aparecido como figurante en algunas producciones).
El debut real en Hollywood sería con la película dirigida por Elliott Nugent Rumbo a Oriente (1944) y producida por Samuel Goldwyn, quien había quedado prendado de su gran talento cómico.
Danny Kaye se casaría en 1940 con la compositora Sylvia Fine, una persona esencial tanto en su vida sentimental como en la profesional, ya que ejercería como consejera máxima de sus interpretaciones, le compondría canciones para sus películas y le escribiría parte de los gags.
Dentro de sus filmes de finales de la década de los cuarenta, la mayoría comedias musicales, destacan Un hombre fenómeno (1945) de H. Bruce Humberstone, El asombro de Brooklyn (1946), de Norman Z. McLeod, que era un remake plano por plano y en color de una película de Harold Lloyd llamada "La vía láctea"; La vida secreta de Walter Mitty (1947) de McLeod, Nace una canción (1948) , un remake bastante inferior de "La bola de fuego" que el mismo Howard Hawks (también dirige esta película) había realizado en 1941 y El Inspector General (1949) de Henry Koster. Todas ellas muy divertidas y casi todas con Virginia Mayo como acompañante femenina.
Nunca fue un actor muy prolífico y en los 50 intervino en pocas películas. Sus trabajos más recomendables de esta época son En la Costa Azul (1951) de Walter Lang y junto a la bella Gene Tierney, El fabuloso Andersen (1952) de Charles Vidor y sobre todo su mejor película en la década de los 50, El bufón de la corte (1956), dirigida por Melvin Frank y Norman Panama. Dos años antes había compartido cartel con un gran mito del show business estadounidense, Bing Crosby en la irregular Navidades Blancas (1954) de Michael Curtiz.
Cuando sus comicidades comenzaron a perder el favor del público que no acudieron tan en masa cuando presentó decentes comedias del estilo de On The Double (1961) de Melville Shavelson y Sólo contra el hampa (1963) de Frank Tashlin, Danny encontró acomodo en la pequeña pantalla y triunfó durante los años 60 con su propio programa, "The Danny Kaye Show".
El músico y comediante americano, Danny Kaye fue el primero en recibir el nombramiento, con el título de Embajador en grande siéndole otorgado en 1954. Otras celebridades han emprendido dicha misión también como embajadores regionales o nacionales dependiendo del perfil, interés, y nivel deseado de responsabilidad. La meta del programa es permitir a las celebridades, con un interés probado en los asuntos de la UNICEF, el participar en campañas de concientización apoyándose en su fama, apariciones y discursos públicos, visita a las regiones afectadas por la problemática que atiende la UNICEF con miras a apoyar la causa del organismo. Dicha colaboración le valió el premio Jean Hersholt en 1981.
Unas décadas antes, en 1954, la Academia de Cine estadounidense le había concebido un Oscar de honor como tributo a su carrera.
El sonriente Danny Kaye fallecería a la edad de 74 años el 3 de marzo de 1987 en la ciudad de Los Ángeles.
Como curiosidad decir que Danny Kaye fue unos de los actores en los que pensó Billy Wilder para el papel que protagoniza Jack Lemmon el de Jerry/Daphne porque Jack estaba contratado en exclusiva con la Columbia y la United Artist.
Cita de Danny Kaye: También el tonto tiene a veces inteligentes pensamientos, sólo que no se entera
ROCK HUDSON
Publicado por nandomegadj en Sin categoría el 6 junio, 2006
Gran estrella cinematográfica de los años 50 y 60, Roy Harold Scherer Jr. nació en Winnetka, Illinois (Estados Unidos), el 17 de noviembre de 1925.
Hijo único de Kay y del mecánico Roy Scherer, pareja que se separaría a comienzos de los años 30 al abandonar su padre el hogar familiar.
Su madre se trasladó a California con Roy y contrajo matrimonio con Wallace Fitzgerald, un hombre rudo y agresivo con quien el futuro actor jamás se encontraría a gusto.
Tras cursar los estudios secundarios abandonó su pueblo y se enroló en la Marina en la que, casualmente, estuvo bajo el mando del teniente Robert Taylor, que más tarde se convertiría también en actor.
Al terminar la guerra se trasladó a Los Angeles donde desempeñó distintos empleos como el de cartero, jornalero, taxista y conductor de camión. El atractivo físico de Roy Scherer no pasaría inadvertido para los cazatalentos de Hollywood. Tras enviar varias fotografías a diferentes agentes, Roy consiguió ser representado por Henry Wilson y éste logró que firmara un contrato con la Universal. Recibió clases de interpretación con Sophie Rosenstein quien le hizo cambiar de nombre. La elección de Rock Hudson la tomó del río Hudson y de la roca de Gibraltar.
Debutaría con breves apariciones en la segunda mitad de la década de los 40, interviniendo en títulos como Fighter Squadron (1948) de Raoul Walsh, Undertow (1949) de William Castle, Winchester 73 (1950) de Anthony Mann, Shakedown (1950) de Joseph Pevney, Murallas de silencio (1950) de Hugo Fregonese, I was a shoplifter (1950) de Charles Lamont o Peggy (1950), film dirigido por Frederick De Cordoba.
Fue uno de los galanes más significativos de los años 50 y 60 gracias entre otras cosas a su gran atractivo físico. Cultivó tanto el drama como la comedia e hizo sólida su prometedora carrera.
Películas en las que su nombre ya encabezaba los créditos como Has anybody seen my gal? (1952) de Douglas Sirk, Historia de un condenado (1952) de Raoul Walsh o El capitán Panamá (1952) de Sidney Salkow fueron afianzando su nombre en Hollywood, alcanzando el ansiado estrellato gracias a taquilleros títulos como Obsesión (1954), Solo el cielo lo sabe (1955) y Escrito sobre el viento (1956), las tres dirigidas por el maestro del melodrama, Douglas Sirk, uno de sus directores más habituales con quien compartió créditos en nueve ocasiones.
Fue nominado a los Oscars como mejor actor por la película Gigante (1956) de G. Stevens, (ganaría Yul Brynner por "El rey y yo") pero quizás sea aun más recordado por el mítico dúo que formó con Doris Day en películas como Pijama para dos (1961) de Delbert Mann, Confidencias a medianoche una agradable comedia y No me mandes flores (1964) de Norman Jewison.
Homosexual, contrajo un ficticio matrimonio en 1955 con Phyllis Gates. Se divorciarían 3 años después.
A finales de los años 50 Hudson intervino en Angeles sin brillo (1958) de Sirk y en Confidencias de medianoche (1959).
Rock participó en otras comedias similares pero con diferentes compañeras femeninas: Gina Lollobrigida en Cuando llegue septiembre (1961) de Robert Mulligan y Habitación para dos (1964) de Melvin Frank; Paula Prentiss en Su juego favorito (1964) de Howard Hawks, o Leslie Caron en El favor (1965) de Michael Gordon.
Tambien intervino en películas como El último atardecer (1961) de Robert Aldrich o Plan diabólico (1966) de John Frankenheimer.
En la década de los 70 encontró acomodo en series televisivas (McMillan) sin abandonar la pantalla grande, interviniendo en films como Darling Lily (1970) de Blake Edwards o Querido profesor (1971) de Roger Vadim.
Poco después iría abandonando el cine pero no la pequeña pantalla, pudiendo ser visto en la conocida serie “Dinastía”.
En 1984 Rock Hudson hizo pública su homosexualidad en un alarde de valentía (fue el primer actor en hacerlo) y un año después murió de SIDA.
VOTAMÉ – VOTAMÉ – VOTAMÉ…¡jejeje!
