JOSEPH L. MANKIEWICZ
Publicado por nandomegadj en Sin categoría el 18 abril, 2008
Los primeros pasos en el cine estadounidense los dio en los Estudios Paramount donde su labor fue secundaria y apenas sin relevancia profesional. Poco después y ya bajo contrato de la Metro-Goldwyn-Mayer, obtuvo su primer éxito profesional al colaborar en el guión del melodrama negro El enemigo público número uno (1934) dirigida por W. S. Van Dyke, película que consiguió el Oscar al mejor guión, aunque el premio fue concedido a Arthur Caesar, ya que fue quien firmó finalmente el guión. Pero aquel primer paso dio resultados positivos, que se consolidaron con otros dos guiones para el mismo director pensados como vehículos para el lucimiento de la actriz Joan Crawford, Cuando el diablo asoma (1934) y Vivo mi vida (1935).
Alentado por su ya exitoso despuntar, intentó que Louis B. Mayer le dejara dirigir sus propios guiones, pero Mayer sopesaba muy bien la valía de cada uno de sus empleados antes de embarcarlos en un proyecto diferente al que habitualmente desempeñaban. A pesar de que no cedió a sus intentos, sí que accedió no obstante a nombrarle productor, desempeñando muy notablemente este cargo entre 1935 y 1942, periodo durante el cual produce 19 film para MGM, entre los que destacan dos títulos: Furia (1936) dirigida por Fritz Lang (alegato contra la intolerancia y el racismo, en una lectura claramente política) e Historias de Filadelfia (1940), una comedia sobre la lucha de sexos dirigida por George Cukor.
Decepcionado por no poder dirigir sus propias películas, Mankiewicz dejó la MGM y se puso al servicio de la 20th Century Fox. En este estudio realizó su ópera prima como director, El castillo de Dragonwyck (1944), dirigiendo a la fascinante Gene Tierney con secundarios del calibre de Jessica Tandy o Vincent Price. En 1949 estrenó Carta a tres esposas, película con la que obtuvo dos premios Oscar, el de mejor guión adaptado y el de mejor dirección, y que cuenta con las interpretaciones de Kirk Douglas y Linda Darnell, en una historia tan innovadora como El crepúsculo de los dioses en cuanto a narrativa fílmica.
El éxito de esta película fue refrendado al año siguiente con su siguiente película, uno de los considerados clásicos del séptimo arte, Eva al desnudo (1950). Con esta película, Mankiewicz obtiene seis Oscar, entre ellos el de mejor película, mejor dirección y mejor guión adaptado.
Hasta llegar a lo que Mankiewicz llamó su pesadilla, Cleopatra, se sucedieron otras películas destacadas, como Operación Cicerón (1951), con James Mason y Dannielle Darrieux; Julio César (1952), con algunos de los mejores actores de la época en el reparto (Marlon Brando, James Mason, Deborah Kerr, Greer Carson o Louis Calhern); La condesa descalza (1954), con la mejor actuación de Ava Gardner hasta ese momento; Ellos y ellas (1955), el único musical que dirigió; o De repente, el último verano (1959), adaptación a la pantalla de una historia de Tennessee Williams.
Tras un desastroso prólogo en Londres, donde hubo que desechar todo el material filmado, en septiembre de 1961 se reinició en Roma el rodaje de la epopeya histórica basada en la vida de la reina egipcia Cleopatra, y cuyo rodaje se prolongó hasta 1963. Esta película supuso la primera vez que una actriz Elizabeth Taylor cobraba 1 millón de dólares por un trabajo cinematográfico, pero los desastres de toda índole que rodearon la preparación y el rodaje de este film quebrantaron la salud de Mankiewicz, quien necesitó dos años para recuperarse. Pese a la espectacularidad de la película, la cinta decepcionó a crítica y público en su estreno, convirtiéndose en uno de los mayores desastres de taquilla de la historia.
En 1967 dirigió Mujeres en Venecia, película que fue recibida fríamente por la crítica y el público; en 1970 realizó su único western, El día de los tramposos; y en 1972 puso fin a su carrera cinematográfica filmando la adaptación de la obra teatral de Anthony Shaffer, La huella.
Falleció el 5 de febrero de 1993 en Bedford (Nueva York) cuando estaba a punto de cumplir 84 años, a causa de un ataque al corazón.
FRANK CAPRA
Publicado por nandomegadj en Sin categoría el 17 abril, 2008
Las películas de Capra disfrutaron de un importante éxito en los premios de la academia. It Happened One Night fue la primera película que ganó los cinco Oscar más importantes (a la mejor película, al mejor director, al mejor actor, a la mejor actriz y al mejor guión adaptado). En 1936, Capra gana su segundo Oscar a la mejor dirección por Mr. Deeds Goes to Town y en 1938 gana el tercero por You Can’t Take It with You con el que ganó también el Oscar a la mejor película.
Entre 1942 y 1948, produjo el film State of the Union, y dirigió o co-dirigió ocho documentales de guerra incluyendo Prelude to War (1942), The Nazis Strike (1942), The Battle of Britain (1943), Divide and Conquer (1943), Know Your Enemy Japan (1945), Tunisian Victory (1945) y Two Down and One to Go (1945). Su serie documental Why We Fight, que también ganó el premio de la Academia, es considerado una obra maestra de la propaganda de guerra. Capra se encaró a la tarea de convencer a un país para entrar en guerra, motivar a las tropas y obtener la alianza de la URSS, entre otras cuestiones de crucial importancia.
¡Qué bello es vivir!
It’s a Wonderful Life (¡Qué bello es vivir!) (1946) es quizás la película más conocida de Capra. A pesar de no ser muy bien considerada por algunos sectores, fue nominada para cinco Oscar, incluidos el de mejor director y mejor fotografía.
Dicha película es ya un clásico de las Navidades en muchos países (al menos en EE.UU. aquí en España ese espíritu Navideño desapareció hace algunos años) Al expirar el copyright de la película, esta pasó a ser de dominio público y las emisoras de televisión creyeron que podían emitirla sin pagar royalties. Con este nuevo medio de comunicación, ¡Qué bello es vivir! ha quedado como una tradición navideña más. Hasta pudimos como Joe Dante en su película Gremlins aparecía la clásica escena de James Stewart deseando Feliz Navidad a todo el mundo corriendo por la calle.
A pesar de que el copyright del film había expirado, estaba todavía protegido en virtud de haber sido realizado basándose en otro material que sí estaba protegido, como el guión, la música, etc. la impugnación de la Corte Suprema de los Estados Unidos impidió su reemisión y en la actualidad solo puede verse en unas pocas cadenas, como la americana NBC. El American Film Institute la considera como uno de las mejores películas de la historia, estando en la undécima posición de la AFI’s 100 Years… 100 Movies una lista de los mejores films americanos.
La última película de Capra fue Pocketful of Miracles, de 1961, con Glenn Ford y Bette Davis. Capra habría querido hacer una película de ciencia ficción más adelante, pero no consiguió que éste superara la etapa de pre-producción. Algunos de los últimos trabajos del director consistieron en la producción de series científicas para la televisión.
En 1982 fue homenajeado por el American Film Institute por su obra. Frank Capra murió en La Quinta, California de un ataque al corazón mientras dormía, a la edad de 94 años. Fue enterrado en el cementerio de Coachella, California.
CINE DE AVENTURAS (1ª Parte – AÑOS 70 y 80)
Publicado por nandomegadj en Sin categoría el 9 noviembre, 2007
De ahí que gran número de personajes arquetípicos (los mosqueteros, Tarzán, los piratas, etc.) sean, dentro de nuestro imaginario, fruto de la cooperación entre la novela y el cinematógrafo.
Un golpe de acierto fue el diseño de la máquina del tiempo. Siempre representado como un ingenio inmóvil por la ciencia ficción, en esta ocasión es un automóvil que también funciona como tal. De hecho, es necesario que corra a una determinada velocidad para que pueda viajar en el tiempo.
Las secuencias donde el «Doc» Brown de 1955 conversa con Marty acerca del "futurístico" 1985 son excelentes, pues nos remiten hacia "cómo" imaginaba la ciencia ficción de los cincuentas que iba a ser el mundo dentro de treinta años (un futuro "estilo Buck Rogers"). Frases como «el plutonio podrás comprarlo en las farmacias», «la radiación aumentará debido a las guerras atómicas» o «¿habrá problemas con la gravedad en el futuro?» son de antología. Lo mismo puede decirse de escenas como cuando unos granjeros confunden el moderno DeLorean con un OVNI invasor, o cuando Marty, vestido con un traje antirradiación, asusta a su futuro padre George McFly (Crispin Glover), quien lo cree que un alien.
El suspenso se da, no solo por la intervención de Biff Tannen (Thomas F. Wilson), el cada vez más lejano romance de los McFly o la dificultad de hacer funcionar el DeLorean de nuevo, sino por una importantísima advertencia que Marty tiene que hacerle al «Doc», acerca de su fatal destino en 1985, la noche de la partida.
El fin del planeta Krypton se acerca y Jor-El envía a su pequeño hijo a la tierra. Allí y adoptado por los Kent se convertirá en un superhombre con multitud de poderes. Cuando alcance la madurez se trasladará a Metrópolis en donde trabajará como redactor para el periódico Daily Planet y en donde se dará a conocer como Supermán…uno de los primeros super héroes que aparecieron en la gran pantalla en el año 1978
Más que aceptable adaptación del clásico héroe del cómic creado por Jerry Siegel y Joe Shuster. Grandes dosis de entretenimiento, buen pulso en la narración de Richard Donner, sin prisa pero sin pausa, agradecida tonalidad irónica e idónea caracterización del debutante Christopher Reeve como el hombre de acero, tomando como referencia para crear el personaje de Clark Kent, según palabras del propio Reeve, al Cary Grant de "La fiera de mi niña".
Aventura, amor, humor, ínfulas filosóficas, acción en lujoso formato y extenso reparto para una película centrada en una historia de Mario Puzo en la que destaca el protagonista Reeve, quien depara una magnífica encarnación del héroe y de Kent, consiguiendo desde el primer momento gracias a su empática actuación conectar la audiencia con las peripecias duales del personaje. Gene Hackman está soberbio en su cáustico papel de Lex Luthor y Marlon Brando, con una exigua pero multimillonaria aparición, aporta su presencia legendaria a esta lograda superproducción sobre el gran icono del cómic americano que cuenta con la partitura del omnipresente John Williams.
Se hicieron cuatro partes de Superman: Superman (1978) dirigida por Richard Donner, Superman 2 (1980) dirigida por Richard Lester, Superman 3 (1983) dirigida por Richard Lester y Superman 4: en busca de la paz (1987) dirigida por Sidney J. Furie (Para mi la peor película que se hizo de Superman), en todas ellas los actores eran los mismos, tanto Christopher Reeve como Gene Hackman (salvo en Superman 3) o como Margot Kidder repitieron mismo papel en toda la saga…salvo la nueva que se ha hecho actualmente Superman Returns.
En Furia de titanes la película comienza con Dánae, la hija de Acrisio (rey de Argos) y su bebé, quienes son arrojados al mar en una caja ya que el rey oyó en una profecía que uno de sus nietos le asesinaría en el futuro. Para evitarlo, arroja a madre e hijo a las profundidades del océano, de las cuales son salvados por Zeus, quien siempre estuvo enamorado de aquella mujer y es el padre del niño. En venganza, Zeus le exige a Poseidón que libere a la bestia llamada Kraken para que destruya toda la ciudad de Argos. El niño es llamado Perseo.
La película continúa relatando las aventuras del joven en sus batallas con Calibos, escorpiones gigantes, un perro de dos cabezas, la gorgona Medusa y el titán llamado Kraken, un monstruo marino. Entre los personajes mitológicos destaca Pegaso, el caballo alado con quien Perseo recorre el cielo con su escudo y espada, regalo de los dioses. En el río Stigio conoce a Caronte, el barquero que lleva a los muertos al inframundo, y que le conduce hasta la isla donde habita la gorgona. La animación corre a cargo de Ray Harryhausen, el cual haría en esta película su último trabajo y un plantel de actores veteranos encabezados por Laurence Olivier y Ursula Andress para interpretar a los dioses de la mitología clásica se presentaba este film de fantasía, que desgraciadamente no mantuvo el nivel en la pareja protagonista (Hamlin es conocido por su participación en la serie de TV la Ley de Los Ángeles). No obstante, la aparición de los personajes y leyendas mitológicas (una tras otra hasta completar casi todos los mitos clásicos: Zeus, Perseo, Medusa, Kraken, Pegaso…) y una historia con mucha acción se unen formando un film de aventuras entretenido, en la línea de otros films con los que el genial Harryhausen ya se diese a conocer en el pasado.
Los Goonies (1985), dirigida también por Richard Donner y escrita por Steven Spielberg, se ha convertido en una de las películas de culto de los 80, muy buena película de aventuras, tal vez no sea la mejor película producida por Spielberg pues tiene algunas fallas dentro del guión, pero es buena, es emocionante y es entretenida, posee excelentes efectos visuales, muy realistas para la época, los personajes se desarrollan adecuadamente en la trama, son muy graciosos y divertidos. La historia es muy original y creativa, el talento del director y de los productores es perfecto.
Mickey Walsh (Sean Astin que por cierto es el actor que encarna a Sam en El señor de los anillos) es un chico que vive con sus padres y su hermano (Josh Brolin hijo de James Brolin y que últimamente lo vimos en la película Planet Terror haciendo de médico) en Astoria (Oregón), un pueblo costero de los Estados Unidos. Su padre, se ve angustiado por los problemas que lo enfrentan a unos inversores que pretenden hacer un campo de golf en el barrio donde viven Mickey y sus amigos, Los Goonies. Una tormentosa tarde Mickey pasa el tiempo en su casa junto a sus amigos. Aburridos suben al desván donde encuentran una gran variedad de objetos antiguos y extraños. Entre ellos descubren sin querer un mapa que indica la ubicación de un supuesto tesoro perteneciente a un tal "Willy el Tuerto", un pirata desaparecido con su tripulación hace muchos años. El grupo decide entonces ir en busca de ese tesoro que podría solucionar económicamente el problema por el que esta pasando el padre de Mickey y que en caso de no resolverse podría derivar en la disolución de "Los Goonies" como grupo. La búsqueda del Tesoro los llevará a una aventura bajo tierra escapándo de las trampas de los piratas y de los Fratelli, una familia de gánsters que ansían hacerse también con el botín.
Dentro del Laberinto, es una película de fantasía rodada en 1986, dirigida por Jim Henson y protagonizada por dos notables excepciones en el reparto, que está en su mayoría conformado por títeres y seres fantásticos: Jennifer Connelly (actriz que ya ha salido en películas como Una mente maravillosa, Requiem por un sueño Hulk, en la patética Dark Water, en Diamante de sangre) y David Bowie (Jareth el Rey de los Goblins), que además escribió e interpretó algunas de las canciones incluidas en el film. La película contó con el respaldo y la producción ejecutiva de George Lucas. Muchas de las características y personajes en la película están basados en diseños hechos por Brian Froud, quien ya había colaborado previamente con Jim Henson en Cristal oscuro. Cabe mencionar que el hijo pequeño de Froud, Toby Froud, interpreta a Toby, el hermanito menor de Sarah.
Sarah se queda encargada de cuidar a su medio hermano Toby. El pequeño no deja de llorar y Sarah en un arranque de enojo le pide al Rey Goblin, un personaje de su libro favorito, que se lleve a su hermano. Finalmente su deseo se cumple y el Rey Goblin, Jareth, se muestra ante ella diciéndole que para recuperar a su hermano tiene 13 horas en las que debe de resolver su laberinto y llegar hasta su castillo para evitar que Toby se convierta en un goblin. Jareth trata de impedir que Sarah llegue a la meta, la pone a prueba con juegos mentales, difíciles acertijos e innumerables trampas a lo largo del difícil laberinto, que cambia constantemente. Sarah se encuentra en una encrucijada en la que debe decidir su camino en la vida, es decir, enfrentarse a la realidad de que ya no es una niña.
Los creadores reconocen influencias de obras como: Alicia en el País de las Maravillas (Alice’s Adventures in Wonderland), El mago de Oz (The Wonderful Wizard of Oz), y algunos trabajos de ilustradores como Maurice Sendak y Maurits Cornelis Escher. Algunos de los titiriteros que trabajaron en el proyecto se fueron posteriormente a trabajar en estudios de animación por computadora.
La banda sonora incluye temas instrumentales de Trevor Jones, entre los cuales se incluyen Into the Labyrinth, Sarah, Hallucination, Goblin battle, Thirteen O’Clock y Home at Last y cinco canciones de David Bowie: Magic Dance, Chilly Down, As the World Falls Down, Within You y el sencillo lanzado para la película: Underground.
La divertida y simpática interpretación de Paul Hogan convirtió a "Cocodrilo Dundee" en el gran éxito de taquilla de 1986. Michael Dundee, apodado Crocodile Dundee (Paul Hogan), es un cazador de cocodrilos en un lugar alejado de Australia. Casualmente llegan noticias sobre él a los Estados Unidos y un periódico de Nueva York decide enviar a un periodista para realizar un reportaje sobre ese exótico personaje. Finalmente es la hija del editor, Sue Charlton (Linda Kozlowski), la que viaja a Australia. Después de enviar varios reportajes sobre Dundee al periódico, y a la vista del éxito que tienen, decide llevárselo a Nueva York para que el público lo conozca mejor. En la gran ciudad todo resulta nuevo y extraño para el cazador australiano, pero en las situaciones extremas se desenvuelve bien. Por otra parte surgen sentimientos entre Dundee y Sue, aunque Sue ya tiene un novio.
En los años 80 tuvieron mucho éxito, especialmente a raíz de las películas de Indiana Jones, títulos que mezclaban la aventura, el humor y el romanticismo.
Desde Australia el ya talludito Paul Hogan encontró un relativo triunfo internacional en la piel de Cocodrilo Dundee, un hombre blanco criado al estilo aborigen que terminará viajando a una gran ciudad sin haber vivido previamente más allá de su minúsculo microuniverso, es decir, algo parecido a “Tarzán en Nueva York” pero sin el taparrabos ni la mona Chita.
El insubstancial aspecto humorístico se aposenta en las típicas situaciones derivadas del “pez fuera del agua”, del individuo sacado de su contexto habitual (aquí repartido en los personajes masculino y femenino), y el romanticismo más que previsible en su tríangulo en la atracción de polos totalmente opuestos, con unos personajes, al margen del principal, derivativo, muy flojamente perfilados.
El tercero del lote suele acabar dando más pena que otra cosa en su papel de antagonista sin personalidad, más allá de su superficialidad, caricatura y tontería vanidosa.
El contraste entre la vida natural y la urbana sirve para contemplar hermosos paisajes, atisbar de soslayo costumbres propias del lugar, establecer una leve sátira a la hiperpoblación y aglomeración anónima de la gran ciudad, en esta caso Nueva York con plano de las extintas torres gemelas incluidas.
El film, increíblemente nominado al Oscar como mejor guión original, cuando la originalidad y el ingenio brillan sobremanera por su ausencia, está dirigido por el debutante Peter Fairman, quien ya había trabajado con Hogan en su programa televisivo de humor. La pareja protagonista de la aventura se enamoraría y unos años después contraerían matrimonio.
Hablar de Bud Spencer y Terence Hill suele ser un ejercicio que se queda en la superficie de su talento y su aportación al mundo del cine. Renovadores absolutos de la comedia en un momento, los años 70, en que el género parecía anquilosado, Bud Spencer y Terence Hill se inscriben en la lista de nombres que, junto con Blake Edwards y Jerry Lewis, consiguieron, durante esos años, darle nuevos aires.
Bud Spencer es el pseudónimo de Carlo Pedersoli. Nació en Nápoles en 1929 y, como todo gran actor que se precie, aterrizó en el cine sin querer. Porque Carlo tiene estudios de Químicas en la Universidad de Roma y es licenciado en Derecho, realiza viajes a Estados Unidos y Sudamérica en los que amplía sus inquietudes culturales. Además, fue un gran nadador. Consiguió ser durante diez años campeón de Italia en los 100 metros libres y representó a su país en los Juegos Olímpicos de Helsinki (1952) y Melbourne (1956) en natación y waterpolo. Una personalidad de este talento no podía pasar desapercibida en el mundo del cine. Tras hacer algunos cameos poco serios en los que Carlo se fijaba detalladamente en los matices interpretativos de los actores del celuloide, en 1967, Giuseppe Colizzi le ofreció protagonizar su película Tú perdonas… yo no. Desde que Griffith descubriera a Lillian Gish, el mundo del cine no había asistido al descubrimiento de un talento similar. Carlo tuvo que cambiar su nombre y se puso Bud Spencer;con ese alias, consiguió su sueño de rendir homenaje haciendo aún más internacional a su admirado Spencer Tracy.
Terence Hill (Mario Girotti) tiene, por su parte, una biografía más ajetreada y un tanto marcada por la tragedia, lo que se trasladaría a la pantalla. Terence nació en Venecia en 1939. Con un desarrollo intelectual inferior al de Bud (sólo estudió Literatura Clásica Latina en la Universidad de Roma durante tres años), pero con una conciencia mayor del sentido último de la existencia (uno de sus hijos murió en accidente de coche), tras algunas apariciones en películas como El gatopardo de Visconti, decidió hacer cine de verdad y aterrizó también en Tú perdonas… yo no, plantando la semilla, junto con Bud Spencer, de lo que sería una de las páginas más gloriosas del Séptimo Arte.
Como vemos, dos personas preparadas, con un talento enorme, dos diamantes en bruto a los que sólo hacía falta pulir. Tras limar esta riqueza en películas de importancia únicamente testimonial e historiográfica, su reconocimiento tanto artístico como comercial les llegaría en 1970 con Le llamaban Trinidad, de E.B. Clucher (Enzo Barboni).
Western complejo donde los haya, con un dibujo de personajes que huye del maniqueísmo, y un montaje que no esconde los aspectos de la vida cotidiana de los protagonistas, “Le llamaban Trinidad” es uno de los más claros exponentes del llamado “spaghetti western”. La película tuvo un éxito arrollador y sentó las bases de una fórmula que repetirían en un sinfín de grandes películas, sin caer (y aquí radica la grandeza del arte de Terence Hill y Bud Spencer) en la monotonía ni la redundancia.
Mucho se ha hablado de los puñetazos de Bud Spencer y Terence Hill. Si bien ambos tienen estilos definidos y diferenciados (el primero más visceral e inmune a los golpes recibidos, el segundo más vulnerable pero también más inteligente), pocas veces se ha reparado en esta circunstancia, de la misma manera que, incomprensiblemente, poquísimo se ha hablado de sus influencias. El golpe constituye, desde los orígenes del cine cómico, un elemento primordial de transgresión. Desde las películas de Chaplin, Keaton y Laurel y Hardy hasta las de Bud Spencer y Terence Hill se desarrolla toda una línea de cómicos en todas las manifestaciones de la cultura popular del siglo XX que utilizan el golpe como expresión de descontento del orden social impuesto. Terence Hill y Bud Spencer (al igual que Asterix y Obelix) no dan mamporros de forma gratuita. Siempre golpean a malvados sin escrúpulos, gángsters corruptos o, simplemente, desaprensivos que intentan abusar de los más desfavorecidos y de los débiles. Los films de Terence Hill y Bud Spencer son auténticas bombas de relojería cargadas de mensajes subversivos y revolucionarios.
A “Le llamaban Trinidad” le siguieron una serie de películas en que el humor de ambos se iba haciendo más complejo y, también, ciertamente más melancólico y desesperado. Veamos sus obras más significativas.
- Y si no, nos enfadamos (1973). Otra de las cimas de su filmografía. Terence Hill y Bud Spencer se enfrentan a un peligroso clan de mafiosos por haberles destrozado el coche. Bajo este leve pretexto narrativo, la película desarrolla una serie de valores como el triunfo del trabajo y la voluntad, la camaradería y la amistad o la necesidad de que se imponga la justicia. Todo esto sazonado con algunas secuencias antológicas de humor y con la presencia de un secundario de lujo como Donald Pleasance. Sin olvidar hilarantes líneas de diálogo que actúan de contrapunto cómico en la gravedad de las situaciones.
- Par impar (1978). Tras realizar Dos misioneros y Dos superpolicías en las que abordan con humor dos temas tan delicados como el de la religión y la seguridad ciudadana, se embarcan, a las órdenes de Sergio Corbucci, otro de sus grandes directores, en esta película que disecciona con la sutileza de un bisturí la corrupción en el mundo del juego y, por extensión, la naturaleza corrupta del ser humano. Película dotada de muy mala leche en la que no salvan a nadie de la quema, la estructura sigue una progresión que permite al espectador zambullirse en ese mundo de degradación moral.
En los 80, Terence Hill y Bud Spencer ahondan en sus temas favoritos: el valor de la amistad por encima de todo (Quien tiene un amigo, tiene un tesoro), las reivindicaciones ecologistas (Estoy con los hipopótamos) o la denuncia social (Dos superpolicías en Miami).
Con la llegada de los 90, el peso de la edad no perdona, y Bud Spencer y Terence Hill se ven obligados a abandonar, a pesar de alguna última incursión de poco éxito comercial.
MUCHAS OTRAS PELÍCULAS DEL GÉNERO DE AVENTURAS
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CINE DE CATÁSTROFES (1ª Parte – AÑOS 70 y 80)
Publicado por nandomegadj en Sin categoría el 6 septiembre, 2007
La industria del cine, en uno de los momentos más críticos de su historia, apostó por lograr que la asistencia a las salas aumentara ofreciendo en la cartelera películas de puro espectáculo en las que las desgracias de otros eran acogidas por entusiasmo: Nacía el cine de catástrofes cuyo esplendor no fue demasiado largo, pero que ha pervivido a lo largo de las décadas poniéndose luego de moda sobre los 90.
Hay que reunir a un elenco de actores y actrices de renombre: Junto a nuevos valores o rostros televisivos sobradamente conocidos se incorporarán viejas leyendas de Hollywood que den prestigio al producto. Evidentemente sólo se salvarán unos pocos, y no siempre los favoritos del público. En los últimos tiempos en el mercado de vídeo y películas directas a televisión las catástrofes apenas dejan cadáveres tras de sí, será que eso ya no es políticamente correcto.
No era, por supuesto, un género completamente inédito. Tenía antecedentes en títulos como San Francisco (1936), sobre el terremoto que asoló la ciudad californiana, o como Huracán (1937), del maestro John Ford, cuyo desastre titular transcurría en la Polinesia, y que fue rehecha con el mismo título en 1979, al final del ciclo del «disaster film»; y la propia Aeropuerto era ya un remake de una oscura película de Byron Haskin de 1959, Jet Over the Atlantic.
Un precedente más cercano, por supuesto, era el ciclo de ciencia-ficción de los años 50, con sus tarántulas, mutaciones e invasores extraterrestres: como supo ver Susan Sontag en un ensayo titulado precisamente «La imaginación del desastre», aquel cine fantacientífico no estaba muy interesado en la ciencia, lo que le concernía era una estética de la destrucción. La principal diferencia con el ciclo de los 70 es que el cine de desastres es «realista» (los desastres son naturales o revelan un colapso de la tecnología) y que no suele tener -con excepciones como el Tiburón (1975) de Spielberg- como protagonista al tradicional héroe individualista del cine americano, en ocasional alianza con las fuerzas institucionales: aquí es la sociedad civil en microcosmos la que debe cerrar filas y, olvidando al disidente héroe del cine del nuevo Hollywood contra el que en el fondo supone una reacción, juntar sus fuerzas para tratar de sobrevivir a la crisis que amenaza a toda la colectividad.
Reunión «Grand Hotel»
Este esquema dramático sugirió en la época una lectura bastante transparente del «subtexto» del cine de desastres como un rearme civil ante lo que se percibía como una amenaza de descomposición de todo un sistema social, acrecentado por variables más concretas como la llamada crisis del petróleo de 1973. Desde un punto de vista más frívolo, el carácter coral del género se concretó en unos nutridos repartos llenos de viejas glorias de Hollywood, que salieron de su refugio en las series y culebrones de la tele para volver al cine a batirse el cobre con las estrellas del momento y con la «pantalla azul» de los efectos especiales, el verdadero protagonista del género.
Así, el cine de desastres era también una forma de actualizar otro subgénero añejo de la industria: la reunión estelar al estilo «Grand Hotel» pero cambiando el glamour del modelo original por un vestuario progresivamente sudado, embarrado, chamuscado y hecho jirones. Ver a viejas y jóvenes estrellas convertidas en «fashion victims» tan baqueteadas como los decorados en los que naufragaban era sin duda una de las cosas que convertía al cine de desastres en «camp» instantáneo, por citar otro concepto estudiado por la Sontag, mucho antes de que Aterriza como puedas (y aún antes, en 1976, otra hoy olvidada parodia, The Big Bus, una premonición cachonda de Speed) viniera a demostrarlo por reducción al absurdo.
Pero durante unos años Hollywood se tomó el género muy en serio, porque hablaba el único lenguaje que comprendía, el del dinero. Después de Aeropuerto vino La aventura del Poseidón, donde un grupo de personas lucha por sobrevivir
en un trasatlántico de lujo a punto de hundirse después de haber sido volcado por una ola gigante.Luego vino la avalancha: El coloso en llamas (1974) de Irwin Allen (quien tal vez será más recordado por sus trabajos en la pantalla chica en la década de los 60, con series como Viaje al Fondo del Mar, Perdidos en el Espacio y Tierra de Gigantes, entre otros) donde se mostraba lo mejor de este tipo de cine que tenía éxito de público gracias a un reparto perfecto, profusión de efectos especiales y un sentido de la narración exquisito.
La mencionada Tiburón, Terremoto (1974), Hindenburg (1976), la propia Avalancha (1978) y así hasta llegar a la fase final del ciclo en 1979, «annus horribilis» que produjo catástrofes (en todos los sentidos) como Meteoro, Huracán y la secuela Más allá del Poseidón.
Cuando La Aventura del Poseidón e El coloso en llamas se transformaron en éxitos de audiencia, Irwin Allen siguió produciendo y dirigiendo "disaster films" (aún cuando el género ya se encontraba en decadencia): El Enjambre (The Swarm – 1978), Más Allá del Poseidón (Beyond the Poseidon Adventure – 1979), y Al Filo del Tiempo (When Time Ran Out de James Goldstone, 1980).
Si el subtexto del cine de desastres de los 70 era la crisis del petróleo y el desgarro de la imagen propia de la sociedad americana, el del nuevo cine cuasi-apocalíptico podría serlo el 11-S y la condición de asedio mundial que empieza a percibir dicha sociedad. Claro que también podríamos decir que en la estela de este «Poseidón» sólo hay que ver un barco que se hunde.
En lo que a la música se refiere, además de algunas de las bandas sonoras originales editadas en el mercado, se puede encontrar el CD francés 25 Ans de Films Catastrophe con música de filmes como Aeropuerto o Terremoto.
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CINE POLICIACO (1ª Parte – AÑOS 70 y 80)
Publicado por nandomegadj en Sin categoría el 3 septiembre, 2007
La violencia, descarnada, excesiva y realista, que se emparenta directamente con los últimos coletazos del Western (Peckimpah, Leone o el ultimo Aldrich). No olvidemos que el Western, genero especialmente permeable al estado de animo americano, ya ha vivido su particular desencanto a raíz de la caza de brujas Mchartyana de mediados de los 50. El pacifismo y la palabra tomaron la alternativa en la década anterior, y su fracaso conduce a la eliminación de las medias tintas y a la cultura del ojo por ojo.
¿A que se debe este estallido de tiros, hemoglobina, persecuciones frenéticas, etc…? Una vez más el cine es reflejo de la sociedad que lo produce y lo demanda.
Años 70: en Estados Unidos, Kennedy y Luther King, depositarios de los sueños de toda una generación, han sido asesinados con la probable complicidad de altos estamentos oficiales; la guerra del Vietnam acaba, pero su inutil prolongación ha fracturado violentamente a la sociedad y a la opinión pública. En Europa también se marca el final de una época: De Gaulle reprime el espíritu de Mayo del 68 parisino, en Checoslovaquia la URSS hace también lo propio de una forma más violenta, mientras que en Italia, ante la alternancia de democristianos y socialistas en un corrupto sistema de poder, la izquierda más radical toma las armas: es el nacimiento de las Brigadas Rojas y grupos similares. Eso por no hablar de la mayor crisis energética de la historia de Occidente desde finales de la II Guerra Mundial o la derivación de los sueños lisérgicos en las pesadillas de la heroína.
Quizás un síntoma más evidente todavía se vea en el mundo del rock: la década se abre con la separación de los Beatles y las muertes de Hendrix y Janis Joplin, y se cerrara con el asesinato de John Lennon. Una década que parte de estas bases no puede llevar otro signo que no sea el del desencanto. TODOS LOS SUEÑOS SE HAN ACABADO: las flores de los hippies se han marchitado, la imaginación nunca estuvo más lejos del poder y a otros eslóganes similares (All you need is love) se les caen rápidamente los años encima.
No hay que desdeñar todas estas situaciones socio-políticas a la hora de analizar el cine policiaco de los años 70. No olvidemos que éste no deja de ser una rama más del árbol del cine negro, un genero especialmente delicado a la hora de reflejar los convulsos tiempos que le había tocado vivir, ya sea literariamente (Cosecha Roja de Hammet y las convulsiones obreras de los años 20 y 30) o de forma cinematográfica (que toma contacto, en los 50, con el Neorrealismo italiano).
El individualismo. A menudo alguno de estos héroes ha sido tildado de fascista. Nada más alejado de la realidad. El fascismo, al igual que el comunismo, es una utopía colectiva, donde el individuo se confunde y se justifica en la solidez de una masa. Es violento, por supuesto, pero su violencia es ejercida por la mayoría hacia la minoría. Nuestros héroes son cazadores solitarios, lobos esteparios y lucidos que entran en conflicto con las normas morales de la sociedad a la que defienden.
El recelo hacia el Estado la policía, el sistema jurídico, etc…El estado ya no es contemplado como un gran padre que provee de paz, pan y trabajo a sus hijos, sino como un ente represor, que suele cohabitar con el crimen y que dificulta la acción de la justicia. Resulta esclarecedor que el caso Watergate marque el ecuador de la década, y que esta sea vea salpicada por las acciones exteriores de la CIA y el espionaje continuo del FBI. Esta desconfianza instintiva se reflejara en títulos como Los tres días del cóndor (Sydney Pollack, 1975) o Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976).
Sensación de impotencia. Pero al fin, la violencia solo conduce a una espiral destructiva sin termino. Nuestro héroe se enfrenta a un enemigo que le sobrepasa ampliamente en número y, en la mayor parte de las ocasiones, no conseguirá su objetivo (ejemplo: el final de French Connenction). Podrían entonar aquella queja amarga de Hamlet: “El mundo ha nacido fuera de quicio. Suerte maldita que haya nacido yo para enderezarlo”.
Un apunte iconográfico: los coches. Volvamos a los 60 y a dos películas (El Salvaje, Easy Rider) que en cierto modo abren y cierran, respectivamente, esa década: la sensación de libertad que produce la cara al viento, el nomadismo, la preferencia por los espacios abiertos, etc… Nuestros héroes se mueven en pesados coches americanos, se desenvuelven en un ambiente urbano que les es hostil, donde el horizonte forma parte de la memoria colectiva. En cierto modo, son prisioneros de su propia ciudad. Alejándonos del genero que tratamos, no es de extrañar que una de las películas más emblemáticas de la década sea Taxi Driver.
Estos, por citar tan solo unos pocos, son algunos de los rasgos fundamentales de este subgénero.
Hacia los ochenta.
Pero, ¿dónde quedo todo este estallido de rabia? Ante todo hay que tener en cuenta que en todo este magma social todo era valido y posible. Hoy, a principios del siglo XXI, cuando hemos alcanzado un punto elevado de control y vigilancia institucional sobre la sociedad, mucho de los productos de aquella época nos parecen hoy irrealizables.
El Reaganismo marca la historia norteamericana mas reciente…en realidad, el Reaganismo no es sino una cruzada para reconducir todo ese desorden social y político heredado de la década anterior. Ahora la violencia ya no es entendida como un comportamiento asocial, sino como un método licito para imponer un determinado sistema de valores.
La sociedad ya es adicta a la violencia en pantalla, pero en los 80 esa violencia queda vacía de cualquier tipo de contenido critico. No será ya ese reflejo indiscreto de la sociedad que le rodea, sino un vehículo vistoso para el desarrollo de una filosofía sencillona y mojigata.
Como buen ejemplo de este cambio de contexto podríamos reparar en un film como Night Hawks, Halcones de la noche, realizada en 1982. El policía interpretado por Sylvester Stallone responde una por una a las característica antes mencionadas, pero su confrontación con un malvado terrorista internacional (interpretado por Rutger Hauer) lo aparta del realismo cruento y descarnado de aquellos títulos, primando un tratamiento de la acción mas espectacular y un tratamiento de personajes considerablemente mas maniqueo.
La película plantea un debate sobre los limites de la violencia que han de usar las fuerzas del orden en su lucha contra el mal. Sin embargo, esa maldad será ahora mas abstracta, con unos contornos menos precisos, sin casi ningún contacto con la realidad.
Además, la inclusión de la figura del “compañero” anuncia la plaga de “buddy movies” de la nueva década: Limite: 48 horas, Tango y Cash, Danko calor rojo, etc…. títulos, todos ellos, que se alejan de las reglas y los paisajes del cine negro para abrazar la comedia, y dar asi entrada a comicos mediocres de nuevo pelaje (Eddie Murphy, John Belushi…)
Será la época de oro de las producciones Joel Silver, es la época de Arma letal, La Jungla de Cristal, Cobra y demás filmes del mismo estilo…AUNQUE YO TENIENDO YA LOS VEINTITANTOS Y LLEGANDO A LOS TREINTAYPOCOS, LAS PELÍCULAS COMO LAS DE ARMA LETAL O COBRA NUNCA DEJARÁN DE GUSTARME…SIEMPRE ME HAN ENTRETENIDO MÁS QUE CUALQUIER COSA QUE PONGAN EN LA TELEBASURA DE NUESTRO PAÍS…PREFIERO UNA PELI DE ESTAS QUE VER UNA SERIE O UNA PELÍCULA ESPAÑOLA…
PERSONAJES DEL CINE POLICIACO
Harry Callaghan (Clint Eastwood). Sin duda el mas popular. Su aparición a principios de los 70 produjo un escandalazo por su filosofía nihilista y amoral, colgándole a Eastwood el sambenito de ultraderechista, que tardaría tiempo en quitarse.
Al titulo inicial de Don Siegel, le seguirán otros cuatro controlados artísticamente por Eastwood, que delega la dirección, como le era habitual en aquellos tiempos, en subalternos de confianza. La serie ira perdiendo interés paulatinamente por los típicos paisajes urbanos y las tramas realistas, hasta desembocar en los dos títulos que la cierran, Impacto Súbito y La Lista negra, centrados ya en la figura emergente del psycho-killer.
Shaft (Richard Roundtree). Punta de lanza de la blaxplotation. Ídolo y ejemplo a seguir por la juventud negra mas deprimida socialmente: elegante y establecido socialmente (no es un policía sino un detective privado), no toma drogas y lleva pistola con licencia, zurra a los blancos y es deseado por las blancas.
Protagonista de una serie de tres títulos que lo llevaran desde el Harlem suburbial hasta el corazón de la arcadia perdida de los afroamericanos, en la delirante Shaft en África. John Singlenton rodó un remake estimable, pero mucho mas correcta políticamente, en los 90.
“Popeye” Doyle. Inadaptado, indisciplinado, alcohólico y mujeriego, y a pesar de todo inspirado en un personaje real. Probablemente el papel de Gene Hackman en su prolífica y dilatada carrera, el que le reporto su segundo oscar en 1972. William Friedkin (uno de los malditos del cine americano) revoluciono el cine negro al dotar a French Connection de una estética documentalista, y al tratar el tema del trafico de drogas con un rigor y objetividad desconocidos hasta entonces. Una secuela rodada dos años mas tarde por John Frankenheimer esta hoy prácticamente olvidada, al ser un producto de manufactura sólida, característica de su director, pero redundante y carente de la frescura y originalidad de su original.
John Wayne se sumara a la moda con dos títulos completamente prescindibles, McQ (1974) y Branigan (1975), en donde, sin tener un titulo relación con el otro, si interpreta a dos personajes similares cuando no idénticos: policias veteranos (al borde de la jubilación) curtidos en mil batallas, de vuelta de todo, que llegado el momento le traen al fresco su placa y su ley y se pone a aplicar su propia justicia. En el fondo remendos del Harry Callaghan que Wayne había rechazado interpretar años antes y pruebas de la desorientación que acuso su carrera tras las retiradas de sus alma mater, Hawks y Ford.
Pero la lista podría continuar. De forma mas estilizada Bullit, con Steve Mcqueen, o Charles Bronson y su serie de cinco entregas Death Wish (que en España fueron traducidas con títulos de Yo soy la justicia o Justicia Salvaje entre otros). Incluso la moda llega hasta Europa: de Italia, siempre tan atenta a lo que llega de América, surge el Sargento Nicola (interpretado por Fabio Testi) , en la peculiar El gran chantaje (1977).
Todos ellos, en definitiva. héroes violentos situados sobre la delgada línea que separa la legalidad de la ilegalidad, el bien del mal; defensores de la ley, con chapa o sin ella, que no dudan en saltarse las reglas de esta para acabar con un crimen con el que comparten métodos. En ocasiones, incluso, su motivación será aun más primaria: la venganza.
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LOS MUSICALES (1ª Parte – AÑOS 70 y 80)
Publicado por nandomegadj en Sin categoría el 29 agosto, 2007
Jake Blues es puesto en libertad por buen comportamiento. Sale de prisión vestido de la misma forma en la que entró: traje y sombrero negro y gafas oscuras. En la puerta le espera su hermano Elwood vestido de idéntica manera. Ahora, el único hogar que conocieron está en peligro. El orfelinato de Santa Elena necesita una gran cantidad de dinero. Los hermanos se ponen manos a la obra.
CHARLES CHAPLIN
Publicado por nandomegadj en Sin categoría el 27 agosto, 2007
Los padres de Charles Spencer Chaplin eran cantantes y actores de variedades de origen judío que, en su momento, alcanzaron un razonable éxito. Especialmente la madre, Hannah Hili, hija de un zapatero, menuda, graciosa y con una agradable voz. El niño nació a las ocho de la tarde del 16 de abril de 1889 en la calle londinense de East Lane, Walworth. No era un buen momento para la familia.
El padre, Charles, había abandonado el hogar en pos de su afición alcohólica, y Hannah se vio obligada a mantener por sí sola a sus hijos Sydney y Charles. Estaba en la cumbre de su carrera artística con el pseudónimo de Lily Harvey, pero comenzaba a fallarle la voz. En 1894, durante una función en Aldershot, su gorjeo se quebró en medio de una canción. El empresario envió a escena al pequeño Charles, de cinco años, que imitó la voz de Lily incluyendo el desfallecimiento final, para gran diversión del público. Ése fue su debut artístico.
El fracaso y la falta de dinero trastornaron la salud mental de Hanna Hill, que comenzó a dar muestras de extravío. Ella y los niños pasaron a vivir en el asilo de la calle Lambeth. Sydney y Charlie asistieron un tiempo a la escuela para niños pobres de Hanwell, sufriendo su severa disciplina y las burlas de los niños más afortunados. En 1896 el estado de Hannah obligó a recluirla en un sanatorio frenopático. Al año siguiente, Charlie se unió a los Eight Lancashire Lads (Los ocho muchachos de Lancashire), un grupo de actores juveniles aficionados que hacían giras por los pueblos. Más tarde formó parte de otras compañías ambulantes, ya profesionales aunque muy modestas. En 1898 murió el padre, mientras Charlie Chaplin era ya un experto actor infantil. En 1901, con doce años, representó el rol de protagonista en Jim, the Romance of a Cockney, y cuatro años más tarde realizó una gira con The Painful Predicament of Sherlock Holmes. El año 1906 fue afortunado para el joven cómico. Se inició con un contrato en el Casey Court Circus como una de las primeras atracciones, y finalizó con otro contrato para la célebre compañía de pantomimas de Fred Karno, en la que también actuaba Stan Laurel.
Los comienzos en Hollywood
A los diecinueve años Charlie vivió el primero de sus numerosos e intensos romances, al enamorarse perdidamente de la joven actriz Hetty Kelly. Con Fred Karno el futuro Charlot había perfeccionado y diversificado sus notables recursos mímicos, y el director lo incluyó en la troupe que realizaba una gira a París en 1909 y al año siguiente otra de seis meses por Estados Unidos. Fue la época en que Mack Sennett obtuvo un gran éxito con sus filmes cortos de bañistas y policías, basados en corridas, gesticulaciones exageradas, palos y peleas con tartas de crema. Sennett adivinaba las posibilidades cinematográficas de la mímica más refinada y compleja de Chaplin, y cuando éste realizó su segunda gira en 1912 lo convenció para que se incorporase a su productora, la Keystone.
Charlie Chaplin llegó a Hollywood en la primavera de 1913, y comenzó a trabajar en noviembre. El 2 de febrero de 1914 se estrenaba su primera película, Making a Living (Ganándose la vida, también conocida como Charlot periodista). En ese mismo año rodó 35 films de un rollo (cortos de entre doce y dieciséis minutos de duración), escritos y dirigidos por Sennett, el propio Charles u otros directores. Todavía sus caracterizaciones eran sólo esbozos del vagabundo ingenuo y sentimental que le daría fama en todo el mundo, pero como Chaplin interpretaba en cada uno un oficio o situación distinta, se los bautizaría luego como Charlot bailarín, Charlot camarero, Charlot de conquista, Charlot ladrón elegante, etc. El éxito fue arrollador, y en 1915 la productora Essanay le robó a Sennett su estrella por un contrato de 1.500 dólares a la semana. Cifra fabulosa para un cómico de cine mudo, que en Keystone venía cobrando diez veces menos.
Con la Essanay, Chaplin pasó a escribir y dirigir los catorce films que rodó ese año. Tenían ya una duración de dos rollos, una trama más complicada que introducía toques románticos y melancólicos en la receta humorística, y un guión meticulosamente estructurado y ensayado. Chaplin era el protagonista absoluto (en alguno en rol femenino), y en la mayoría de ellos su partenaire era Edna Purviance. Cabe recordar A Night in the Show, The Champion, The Night Out y sobre todo The Tramp (El vagabundo), en la que redondeaba el personaje que luego se conocería como Charlot. Él mismo contaría después que fue escogiendo casi al azar -como lo haría un vagabundo real- el sombrero, el bastón, los anchos pantalones, la chaqueta estrecha y los zapatones. El resultado fue el atuendo más famoso y perdurable en la historia del cine.
La celebridad de Chaplin y su personaje era ya universal (el nombre de Charlot se lo daría en 1915 el distribuidor de sus filmes en Francia), y el exitoso mimo cambió nuevamente de productora en 1916. Con la Mutual realizaría doce películas en dos años, entre ellas The Pawnshop (El prestamista), Easy Street (La calle de la paz) y especialmente The Immigrant (El inmigrante), las tres con Edna Purviance. A principios de 1918 la First National contrató a Charlie Chaplin por la cifra récord de un millón de dólares anuales. Fue también el año de la primera de sus bodas con jovencitas casi adolescentes. Su matrimonio con la actriz secundaria de diecinueve años Mildred Harris, celebrado el 23 de octubre, duraría hasta 1920 y el divorcio le costó a Charles 200.000 de sus preciosos dólares.
También en 1918 realizó una gira para vender bonos de guerra junto a otras dos superestrellas de la época: Mary Pickford (llamada «La novia de América») y el galán acrobático Douglas Fairbanks. Con la First National filmó doce películas entre ese año y 1922, algunas tan clásicas en su filmografía como A Dog Life (Vida de perro) y Shoulder Arms (Armas al hombro). Y también la que se considera su primera obra maestra, en la que cinceló su estilo tragicómico, crítico y sutilmente conmovedor: The Kid (El chico), con Jackie Coogan, la infaltable Purviance y seis rollos de duración. En 1921 regresó por primera vez a Europa para el estreno de esa película y recibió una recepción multitudinaria, al tiempo que la severa crítica europea lo consagró como un genio del cine.
Ya en 1919 Chaplin, Pickford y Fairbanks, junto al director David W. Griffith (sin duda otro genio del cine) habían constituido la productora independiente United Artists, pero Chaplin no trabajó para ésta hasta no acabar su contrato con la First National. En 1923, con productora propia, sólida fortuna personal y una suntuosa mansión en Beverly Hills, se sintió al fin con las manos libres para desarrollar sin ataduras su creatividad. Ese año dirigió, sin actuar, la excelente A Woman of Paris, con su admirada Edna y Adolphe Menjou. El multifacético creador tenía ya treinta y cinco años, y el 24 de noviembre de 1924 contrajo matrimonio en México con la jovencísima actriz Lolita McMurray (o Lita Grey), de sólo dieciséis años. La unión duró hasta 1927 y Chaplin obtuvo de ella sus dos primeros hijos (Charles Spencer y Sydney Earle) y pagó un millón de dólares al divorciarse de Lolita.
En esa época inició la gran trilogía final del personaje de Charlot, rodando en 1925 The Gold Rush (La quimera del oro), de la que en 1942 realizó una versión sonora narrada por su voz y con música propia. Ya en 1927 se estrenó la primera película sonora, El cantor de jazz, con Al Jolson, pero Chaplin seguía fiel al cine mudo cuando en 1928 realizó The circus (El circo), película que él mismo consideraba menos lograda que las que integraban la trilogía, pese a ser un magnífico filme cómico. Por esta película recibió su primer Oscar de la Academia en 1929. Dos años más tarde estrenó City Lights (Luces de la ciudad), paradigma de la ternura y la desolación de su alter ego cinematográfico, con inclusión de escenas sonoras y música de Chaplin.
En 1932 realizó un nuevo y extenso viaje a Europa, donde en una recepción conoció a la actriz francesa Paulette Goddard. Ambos prosiguieron juntos el itinerario de lo que llegó a ser una gira mundial, y al año siguiente Paulette sería su pareja en el último film de la trilogía: Modern Times (Tiempos modernos), una ácida parábola sobre el maquinismo industrial y las miserias del capitalismo.
Al desatarse la guerra y la invasión alemana sobre Europa, Chaplin filmó, en 1940, The Great Dictator (El gran dictador), una divertida y feroz parodia del nazi-fascismo, en la que el actor se desdoblaba en un Charlot transformado en peluquero judío y un Hitler mitómano y paranoico que anunciaba la disposición de Chaplin a encarnar nuevos roles, sin bombín ni zapatones. Lo acompañaba la Goddard, cuyo personaje llevaba el nombre de la madre de Charles (Hannah), fallecida en 1928. Chaplin y Paulette se distanciaron en 1941 y poco después el cineasta se vio envuelto en un proceso por la paternidad de la hija de la actriz Joan Barry, llamada Carol Ann. Condenado en abril de 1942 por violación de la Ley Mann, debió hacerse cargo de la manutención de la niña. El escándalo no le impidió casarse a sus cincuenta y cuatro años, con la hija del insigne dramaturgo Eugene O’Neill, una hermosa joven de dieciocho años llamada Oona, que permanecería a su lado el resto de su vida.
El patriarca de Vevey
Tras rodar Monsieur Verdoux en 1947, Charles Chaplin cayó bajo la ola del maccarthismo que tenía como blanco a intelectuales y artistas de Hollywood. La crítica social que rezumaba su obra, sumada probablemente a su origen judío y al hecho de ser extranjero (nunca se nacionalizó), lo llevaron a comparecer en 1949 ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas. Al año siguiente, mientras él y su familia viajaban por Europa, se ordenó a las autoridades de inmigración que lo retuvieran a su regreso. Chaplin decidió no volver jamás y se instaló en una lujosa residencia en Corsier-sur-Vevey, en la plácida ribera del lago suizo de Léman, frente a Ginebra. Oona se encargó de liquidar sus asuntos económicos y profesionales en Estados Unidos.
Inglaterra ofreció a su hijo pródigo un sitio para continuar su trabajo. En 1952 rodó en Londres Limelight (Candilejas),para mi la mejor película jamás filmada por Charles Chaplin, magnífica y sentimental rememoración de sus días de cómico ambulante, y dos años más tarde recibió el Premio Internacional de la Paz. Su resentimiento contra Estados Unidos se reflejó en A King in New York (Un rey en Nueva York), filme de 1957 cuyos altibajos no ocultan el corrosivo humor chapliniano. El gran cineasta era ya un anciano patriarcal y vitalista que comenzaba a escribir sus memorias en 1959. A los setenta y ocho años fue padre de su octavo hijo con Oona, Christopher, nacido en 1962, y en 1964 se publicó en Londres su autobiografía, Historia de mi vida.
Ya octogenario, Chaplin tenía todavía ánimo y energías para escribir y rodar una última película, A Countess from Hong Kong (La condesa de Hong Kong, 1966). Pese a contar con dos protagonistas de lujo como Sofía Loren y Marlon Brando, y al propio director en el rol menor de un camarero, el filme no tuvo éxito y quizá no lo merecía. La mano maestra de Chaplin conservaba cierta elegancia, pero el tema era trivial y el estilo claramente anacrónico. El anciano creador debió de advertirlo, porque no volvió a insistir.
Charles Chaplin vivió todavía una década en su refugio de Vevey, rodeado de sus hijos y acompañado por la leal Oona. En 1972 aceptó un breve retorno triunfal a Hollywood, para recibir un Oscar por la totalidad de su obra. En 1976 Richard Patterson rodó The Gentleman Tramp (El vagabundo caballero), inspirada en su autobiografía, que incluía escenas familiares en Vevey filmadas por el director de la fotografía, el español Néstor Almendros. Otro español, el cineasta Carlos Saura, se casó con Geraldine, la hija de Oona más consecuente con el oficio de su padre. Éste murió a los ochenta y ocho años, el día de Navidad de 1977. Dejaba un total de 79 películas filmadas en más de cincuenta años de actividad como actor y director. En la casi totalidad de ellas fue también autor del guión, y del diálogo y la música en las sonoras. Además de las ya mencionadas, cabe agregar Carmen (1916), según la novela de Merimée; The Vagabond (El vagabundo), 1916; A Day’s Pleasure (Un día de juerga), 1919; Pay Day (Día de paga), 1922, y The Pilgrim (El peregrino), 1923, entre las más apreciadas por la crítica y celebradas por el público.
ROBERT WISE
Publicado por nandomegadj en Sin categoría el 23 agosto, 2007
Nacido en Winchester, Indiana, comenzó a trabajar a los 19 años en la RKO, comenzó junto a su hermano en el departamento de contabilidad de los estudios de la RKO, uno de los grandes estudios de la época dorada de Hollywood, luego en el departamento de sonorización y más tarde en el de edición. Trabajando como montador conoció a Orson Welles, quien le pidió que le montase su película Ciudadano Kane (1941). Por esta película, la única que montó, fue candidato al Oscar al mejor montaje. Robert Wise es autor de una variada obra que representa toda la historia de Hollywood: desde la pequeña producción de serie B al gran espectáculo pero nunca fue considerado como uno de los directores estrella de la industria pero sin embargo participó, ya sea como director o montador, en algunas de las películas más importantes de esta industria.
Tampoco ha escrito los guiones de ninguna de sus películas, ni ha buscado personalmente los temas que las iban a alimentar: casi siempre ha llegado a dirigir sus filmes a partir de una propuesta del productor o del estudio para el que estaba contratado, y en muchas ocasiones ha sido el director sustituto de otro. Pasa por ser unos de los directores más seguros de Hollywood, al que se podía confiar cualquier trabajo con la seguridad de que lo llevaría a buen puerto consiguiendo un producto sólido. Semejante fama procede del hecho constatado que demuestra que prácticamente no existen fracasos económicos en su carrera y es responsable de algunos de los títulos más taquilleros de Hollywood. Pero Wise también es el director de películas de notable interés, aunque rara vez hayan coincidido con las que obtuvieron mejores recaudaciones.
Debutó en la dirección en 1944 con La venganza de la mujer pantera. Su cine, musical, negro y fantástico, destacó por su dominio técnico, sobriedad y excelente narrativa.
Entre sus películas destacan El ladrón de cadáveres (1945), Nadie puede vencerme (1949), Ultimátum a la Tierra (The Day The Earth Stood Still, 1951), ¡Quiero vivir! (1958), West Side Story (esta película le consagró como director de películas de gran presupuesto además de proporcionarle un Oscar al mejor director, compartido con el coreógrafo Jerome Robbins, 1961), Sonrisas y lágrimas (The Sound of Music, 1965), El Yang-Tse En Llamas (1966), La amenaza de Andrómeda (fue una vuelta al género de ciencia ficción; en ella recurrió a técnicas de montaje atrevidas, ángulos de cámara poco comunes y efectos de pantalla dividida que requerían de la experiencia adquirida en su juventud, rodada en 1971), Star Trek, la película (1979) y Rooftops (1989).
Retirado de la dirección desde 1989, fue galardonado con los premios honoríficos de la American Society of Cinematographers (1997) y del American Film Institute (1998).
La relación de Wise con el musical se inicia tarde, cuando ya tiene más de una veintena de películas. Pero será ya en los años sesenta cuando Wise lleve del teatro de Broadway a la gloria de Hollywood dos musicales ya legendarios: su película Sonrisas y lágrimas, consiguió cinco Premios Oscar en 1965, entre los que destacan los de mejor película y mejor director. Pero su película más conocida quizás sea West Side Story, con la que consiguió ocho Premios Oscar, entre ellos los de mejor película y mejor director en 1961. Sin embargo, cuando Hollywood perdió su pasión por estos grandes musicales su carrera se atenuó con ellos.
Falleció el 14 de septiembre de 2005 en Los Ángeles, un día antes del inicio del Festival de San Sebastián, que ese año le iba a dedicar una retrospectiva. Su esposa Millicent Wise recibió la trágica noticia en San Sebastián, partiendo de inmediato a Los Ángeles.
Su sorprendente eclecticismo no encaja en los cánones. Aunque la filmografía de Robert Wise está plagada de títulos interesantes en todos los géneros, cuando no fundamentales, en un cine que supo combinar arte y fenómeno de masas, su nombre sigue apareciendo en los márgenes. Su actitud y su obra parecen una afrenta a las supuestas reglas del autor. A pesar de haber sido productor de varias de sus películas en su etapa final, nunca trató de definir una línea unívoca en su trayectoria.
VICTOR FLEMING
Publicado por nandomegadj en Sin categoría el 22 agosto, 2007
Entró en el mundo del cine casualmente. Era un cineasta artesano y disciplinado dentro del sistema de los grandes estudios y creó, a partir de buenos actores y guiones, excelentes películas. Después de hacer multitud de trabajos de baja categoría (como mecánico de bicicleta, taxista, mecánico), conoció al productor y director Allan Dwan al que sirvió como chófer.
De la mano de Dwan, Fleming empieza a entrar en conctacto con el mundo del teatro y de la interpretación y de hecho, se une a Douglas Fairbanks y John Emerson para realizar algunos proyectos. Además, fue uno de los cámaras de Intolerancia de D.W. Griffith en 1916.
En la Primera Guerra Mundial, Fleming fue el supervisor de las escenas aéreas de Fairbanks y, posteriormente, sería el cámara personal de Woodrow Wilson en la Conferencia de París.
Así fue, como en 1919, hizo que Fleming pudiera obtener el dinero necesario para realizar su primera película When the Clouds Roll By. A partir de aquí dirige una serie de títulos menores y no es hasta 1925 cuando dirige con la Paramount otro de sus grandes éxitos Lord Jim (1925). Durante esos años, lanza a la fama a diferentes actores: Clara Bow con la película Flor de capricho (Mantrap), Emil Jannings se da a conocer al público norteamericano con El destino de la carne (The Way of All Flesh) y Fleming le da la primera oportunidad sonora a Gary Cooper en El virginiano (The Virginian).
En la década de los 30, Fleming ficha con Metro Goldwyn Mayer, donde lanza a la fama a Clark Gable en Tierra de pasión (Red Dust) en 1932, en 1934 rueda La Isla del tesoro con Jackie Cooper, Wallace Beery, Lewis Stone, Lionel Barrymore, Otto Kruger, Nigel Bruce, Charles McNaughton, Douglass Dumbrille, Charles Sale y Dorothy Peterson. Luego en 1935 hace La indómita con Jean Harlow, William Powell, Franchot Tone, May Robson, Ted Healy, Nat Pendleton y Robert Light y, encuentra un estrepitoso éxito con Capitanes intrépidos (Captains Courageous) (1937) y El mago de Oz (The Wizard of Oz).
Uno de los grandes musicales de la historia del cine. Vívida adaptación del libro de L. Frank Baum, con una maravillosa Judy Garland en el papel protagonista (conseguiría el estrellato con un film que había descartado previamente Shirley Temple) y una esmerada producción de Mervyn LeRoy.
Las excelentes caracterizaciones de los personajes, el buen pulso mostrado por el director Victor Fleming (algunas escenas fueron rodadas por George Cukor, Richard Thorpe y sobre todo King Vidor, que dirigió la mayoría de las secuencias en blanco y negro), el entrañable e inocente sentido de la fantasía infantil en un tono ensoñador, el inteligente empleo fotográfico en blanco y negro y color como contraste del mundo real y la imaginación fantástica o la excelente utilización de los efectos especiales (el rapto de Dorothy por los monos alados está filmada de forma excelsa) son algunos de los puntos más destacados de un film inmortal.
Punto y aparte merecen las canciones, tan populares como "Over the rainbow" (ganadora del Oscar), "Follow the yellow brick road", "We welcome you to Munchkinland" o "We’re off to see the wizzard".
Pero sin duda una de las cosas por la que será recordado para lo posteridad es el haber sido el director que finalmente apareció en los títulos de crédito de Lo que el viento se llevó (Gone With the Wind). Partiendo de una idea del megalómano productor David O’Selznick, el film es firmado finalmente por el excelente Victor Fleming, pero en su narración participaron gente como Sam Wood o el mismísimo George Cukor; con el guión pasaría un poco de lo mismo, el nombre que aparece en los créditos es el de Sidney Howard, pero contribuirían también personajes como Val Lewton, Scott Fitzgerald o Ben Hetch.
Esta superproducción que basicamente narra una intensa historia de amor desgajada en espinosos ramajes, es un ejemplo extraordinario de como el sistema de estudios puede conseguir una obra magistral e imperecedera.
A pesar de su extenso metraje, la película aguanta constantemente el ritmo, manejado con gran pulso por Fleming, las descripciones de los personajes son enormes, en especial, el interpretado por Vivien Leigh, Escarlata O’Hara, uno de los personajes femeninos más importantes y ricos de toda la historia del cine, las actuaciones son perfectas y rutilantes, en especial la citada Leigh y un incomensurable Gable creando un personaje lleno de recovecos, cínico e irónico, pero también solitario y mohíno.
Visualmente esta película es espléndida, ayudada por un diseño de producción de William Cameron Menzies antológico, y la música de Max Steiner sirve para aportar aún mayor grandiosidad a la leyenda.
Aunque bastante maniqueo, el film aborda temas impregnados de los valores que se rezuma en el territorio sureño como pueden ser el honor, el orgullo, la familia o la tierra y la propiedad, sin dejar de otear al tema de la esclavitud.
Lo que el viento se llevó siempre permanecerá con un valor incólume en el cinéfilo, atrapado en escenas o frases que se quedan incrustadas en un subconsciente que sabe que nunca más volverá a realizarse película de esta magnitud. G
anó un Óscar a la mejor dirección en 1939.
En 1941 hizo El extraño caso del Dr. Jekyll con Spencer Tracy, Ingrid Bergman, Lana Turner, Donald Crisp, Ian Hunter, Barton MacLane y C. Aubrey Smith y en 1942 La vida es así con Spencer Tracy, Hedy Lamarr, John Garfield, Frank Morgan y Akim Tamiroff.
En la siguiente década, todas las películas de Fleimng excepto su último proyecto Juana de Arco (Joan of Arc) (1948) fueron un completo éxito. Especialmente Dos en el cielo (A Guy Named Joe) con Spencer Tracy e Irene Dunne. Cuando le aconteció su muerte en enero de 1949, Fleming planeaba la realización de La soga (The Robe), que finalmente hizo la 20th Century Fox en 1952 de manos de Alfred Hitchcock. Falleció el 6 de enero de 1949 en Cottonwood (Arizona).
BLAKE EDWARDS
Publicado por nandomegadj en Sin categoría el 13 julio, 2007
Nació el 26 de julio de 1922 en la localidad de Tulsa, Oklahoma (Estados Unidos), hijo de Patricia Walker y de Jack McEdwards, asistente de dirección, quien a su vez era hijo del director J. Gordon Edwards. Su hermana es la actriz Jennifer Edwards.
Antes de dedicarse a la dirección Edwards trabajó en la radio y en Hollywood como actor, guionista y productor desde comienzos de los años 40. Así, en su faceta de intérprete, apareció brevemente en películas como Dos héroes de West Point (1942) o Dos en el cielo (1943).
Como guionista y productor debutó con Panhandle (1948), un western de bajo presupuesto dirigido por Lesley Selander. Como escritor de guiones compartió con asiduidad trabajo con el director Richard Quine. Ambos se alimentarían recíprocamente en su arte cinematográfico.
Su primera labor como director fue en la emisión televisiva Four Star Playhouse (1952), serie para la cual dirigió y escribió varios episodios.
Venga tu sonrisa (1955), comedia co-escrita junto a Quine, fue su largometraje debut. Más tarde y en la década de los 50 Edwards dirigiría títulos como He laughed last (1956), El temible Mr. Cory (1957), drama con Tony Curtis y Martha Hyer en donde coincidió por primera vez con el genial compositor Henry Mancini, La pícara edad (1958), con Debbie Reynolds, Vacaciones sin novia (1958), con la pareja Tony Curtis y Janet Leigh, y Operación Pacífico (1959), comedia bélica protagonizada por Cary Grant y de nuevo Tony Curtis, uno de los intérpretes más habituales de Edwards en los inicios de su carrera.
Para la pequeña pantalla Blake dirigió episodios de Peter Gunn (1958) y de Mr. Lucky (1959).
Los años 60 confirmarían al director de Oklahoma como uno de los principales maestros de la comedia estadounidense del período. Después de High Time (1960), film protagonizado por Bing Crosby, estrenó
La primera mitad de este decenio resultó ser el momento más destacado de su carrera. Así filmó títulos como Chantaje contra una mujer (1962), thriller con Lee Remick y Glenn Ford o Días de vino y rosas (1963), uno de los acercamientos al alcoholismo más afortunados en la historia del cine en el cual volvía a utilizar a la actriz Lee Remick, en esta ocasión acompañada por Jack Lemmon, quien demostraba que tanto servía para la comedia como para el drama…como ya había comentado en su biografía, él valía para todo tipo de interpretación.
La película más popular de Blake Edwards fue La pantera rosa (1963), protagonizada por David Niven, Peter Sellers, Robert Wagner, Claudia Cardinale y Capucine. La partitura de Mancini y la pantera rosa de dibujos animados aparecida en los títulos de crédito lograron una repercusión extrema que conllevó la creación de una famosa serie de televisión de dibujos animados.
Asímismo Edwards lanzó el personaje del Inspector Clouseau y al actor Peter Sellers, quien obtuvo el papel tras el rechazo de Peter Ustinov, al estrellato. Sellers y Clouseau serían los protagonistas absolutos de la serie continuada por títulos como El nuevo caso del Inspector Clouseau (1964), El regreso de la Pantera Rosa (1975), La Pantera Rosa ataca de nuevo (1976), La venganza de la Pantera Rosa (1978) y Tras la pista de la Pantera Rosa (1982).
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Más tarde, sin Peter Sellers, Edwards quiso prorrogar la saga con títulos como La maldición de la Pantera Rosa (1983) o El hijo de la Pantera Rosa (1993). Al margen del felino rosáceo Blake Edwards dirigió en los 60 películas como La carrera del siglo (1965), con Tony Curtis, Natalie Wood y Jack Lemmon, ¿Qué hiciste en la guerra, papi? (1966), con James Coburn, Peter Gunn (1967), o El Guateque (1968), comedia con el protagonismo de Peter Sellers en la piel de un actor hindú.
En 1969 Blake Edwards contrajo matrimonio con la actriz Julie Andrews, con quien tuvo a su hijo Geoffrey y a sus hijas Amy Lee y Joanna. También adoptó a Emma, la hija de Tony Walton. Julie, a partir de su boda, se convertiría en la protagonista de casi todas sus películas. |
En los años 70 y al margen de sus títulos con la Pantera Rosa Edwards estrenó el musical Darling Lili (1970), Dos hombres contra el Oeste (1971), western con William Holden y Ryan O’Neal, Diagnóstico: Asesinato (1972), película de intriga basada en una novela de Michael Crichton, La semilla del Tamarindo (1974), con Julie Andrews y Omar Sharif, y 10, la mujer perfecta (1979), una de sus películas más conocidas que volvía a contar con el protagonismo de Andrews, acompañada por Dudley Moore y la sex symbol del momento, Bo Derek.
Los años 80, al margen de algún acierto, no encontraron al Blake Edwards más inspirado con títulos como SOB. Sois honrados bandidos (1981), Victor o Victoria (1982), película por la cual consiguió su única nominación al Oscar en la categoría de mejor guionista, Mis problemas con las mujeres (1983), con Burt Reynolds, Micky y Maude (1984), El gran enredo (1986), ¡Así es la vida! (1986), Cita a ciegas (1987), Asesinato en Beverly Hills (1988) y Una cana al aire (1989).
Una rubia muy dudosa (1991), con el protagonismo de Ellen Barkin, y la mentada El hijo de la Pantera Rosa (1993), con el italiano Roberto Benigni en el papel principal, son sus últimas películas como director cinematográfico.
En el año 2004 Blake Edwards, quien también posee la Legión de Honor de Francia, fue galardonado con un Oscar honorífico.
